De nuevo Vivanco

De nuevo Vivanco

Diciembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

De nuevo el director de Human Rights Watch (HRW), José Manuel Vivanco, lanzó sus críticas a los términos de los acuerdos entre las Farc y el Gobierno. Lo llamó una “piñata de impunidad”. Y, de nuevo, se indignó la izquierda que antes lo aplaudía cuando denunciaba a los paramilitares y aplaudió la derecha que antes no podía verlo ni en pintura porque era como ver al mismísimo Tirofijo en saco y corbata.En realidad Vivanco hace muy bien su trabajo. La prueba es que tanto izquierda como derecha no le gustan las denuncias que hace. Es decir, no hay motivos para suponer que detrás de las denuncias hay una agenda política, algo muy común en muchas ONG colombianas que al tiempo que denuncian las violaciones de derechos humanos por el estado justifican las atrocidades de la guerrilla.Su trabajo es además necesario. Si no existieran organismos como HRW la violencia contra los civiles sería aún peor. Incluso el trabajo de muchas ONG con sesgos políticos es necesario con este mismo propósito, -siempre y cuando no inventen falsas víctimas como las de Mapiripán o idealicen a líderes de la UP que fueron victimarios en primera persona.El asunto con el trabajo de Vivanco es otro. Puede que tenga mucha razón en que el acuerdo contiene grandes dosis de impunidad, las que se harán más evidentes a medida que la justicia transicional tal como está pactada se ejecute, pero ese es un precio que vale la pena pagar con tal de alcanzar la paz y parar la violencia contra los civiles. Este debería ser el argumento principal contra las críticas de Vivanco en vez de la descalificación de su trabajo.Negar la impunidad implícita en los acuerdos se hará más difícil con el tiempo, sino imposible. Cuando los jefes de las Farc lleguen al Congreso sin necesidad de ir a elecciones, cuando no paguen ni un día de cárcel a pesar de haber creado una máquina de guerra especializada en secuestros y atentados, cuando los militares, políticos y empresarios que colaboraron en la ejecución de masacres salgan en libertad, etc., el país se enfrentará a la verdadera magnitud de las atrocidades que quedaron sin castigos efectivos y, en algunos casos, que resultaron premiadas con poder político. Entonces la historia le dará la razón a Vivanco.Por eso es importante preparar al país para asumir el sapo que advierte HRW, que aunque cause dolor e indignación es de vital necesidad tragarlo. Más aún, el trabajo de gente como Vivanco va a ser trascendental cuando las Farc se asimilen a la legalidad. Serán ellos quienes les recordaran que si bien sus cuentas con las justicias y las prisiones están saldadas, todavía tienen una deuda muy grande con el país y con sus víctimas. Hay mucha verdad que contar y mucha gente que reparar. Y si no saldan esta enorme deuda habrá agencias de la sociedad civil encargadas de que paguen el costo del rechazo de la opinión por su indolencia y su arrogancia.La izquierda no debe ver con malos ojos una exigencia agresiva de verdad y reparación a las Farc por parte de otros sectores de la sociedad civil. Es parte del aprendizaje que están obligadas a hacer en su tránsito a la democracia. Considerar las demandas de la sociedad civil no es una concesión, es una condición necesaria para que un régimen sea democrático. Poco a poco los gobernantes tradicionales han aprendido a escuchar a gente como Vivanco, así no les guste, y las Farc lo tendrán que hacer.

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