Con ese amigo

Con ese amigo

Octubre 03, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

La última salida del fiscal Montealegre ratifica los reclamos del hermano del presidente, Enrique Santos, acerca de cómo el fiscal se ha convertido para el proceso de paz en “una rueda suelta, creando un ruido que desconcierta y confunde”. Decir que el expresidente Uribe puede ser sujeto de juicio por los tribunales pactados con las Farc puede ser motivo de popularidad entre sectores que sienten una honda animadversión por Uribe pero al final resulta muy costoso para los negociadores del gobierno.Al día de hoy si algo necesita el gobierno es legitimar lo que ya firmó con las Farc en el tema de justicia con las fuerzas políticas de oposición. No es un capricho construir confianza entre sectores que están convencidos que los términos del acuerdo implican impunidad total para las guerrillas o, peor aún, la entrega del país al ‘castro-chavismo’. Es un requisito para que en el largo plazo la derecha colombiana no incumpla los compromisos acordados por temor a que la izquierda los incumpla en el momento que llegue al poder.La semana pasada en esta columna se enfatizó en la necesidad de que Uribe se distancie de posiciones extremistas y absurdas que desconocen cualquier bondad y conveniencia en la negociación de Santos. El argumento central era que no había fundamentos para pensar que una guerra de exterminio contra las Farc es preferible a la paz en los términos de La Habana porque representa un riesgo menor que desde la izquierda se proceda a aniquilar judicialmente al uribismo o, peor aún, que en Colombia se instale un régimen como el de Cuba o Venezuela.Las declaraciones del Fiscal dejan, precisamente, sin piso cualquier llamado a la sensatez a Uribe. Es conceder la razón a quienes ven en el proceso una conspiración entre las elites de Bogotá y la izquierda para excluir de la política a Uribe, a la clase política que lo acompaña y a todos los que sienten representado por él. ¿Cómo pueden respaldar un proceso en que uno de los principales funcionarios judiciales del estado pone a su líder en el mismo nivel de los jefes de las Farc?Lo más desmoralizante de todo es que al tiempo que el Fiscal se muestra ante la sociedad como el mejor amigo del proceso le impone al gobierno un enorme desgaste para neutralizar sus salidas en falso. Cuando a Santos y a los negociadores les toca dar la cara a la opinión para desmentirlo no están ganando nada, están evitando perder mucho. Por pretender pasar a la historia como el fiscal de la paz Montealegre no mide las consecuencias de sus declaraciones públicas. En el fondo el Fiscal quiere recoger el aplauso y la aprobación de una franja radical que rechaza a Uribe con tal intensidad que no mide las consecuencias negativas que pueda tener su vendetta particular con él. Paradójicamente esta misma franja pide mayor comprensión y laxitud con las guerrillas. Llaman a desescalar el lenguaje de la guerra pero ladran furiosos cuando les mencionan al expresidente.Es cierto que Uribe está recibiendo de su misma medicina. Cuando estaba en el poder fue implacable en el trato a la oposición de izquierda. Sin embargo, hoy está en juego algo demasiado importante para Colombia como para que unos sectores en su afán de sacarse unos clavos del pasado utilicen el propio proceso como un mecanismo de retaliación con su principal contradictor. Para eso hay otros canales, más idóneos y que no ponen en riesgo la paz.

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