Comunidades congeladas

Agosto 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

En una caricatura que circula por internet se ve a un indígena asomado a la ventana de su cabaña gritando “antropólogos” mientras el resto de indígenas corre a esconder el televisor, el microondas y demás electrodomésticos. La caricatura es el mejor reflejo de la posición de numerosos sectores sobre el tema indígena, los cuales condenan a estas comunidades a un congelamiento en el tiempo. Paradójicamente sectores que se autoproclaman como progresistas terminan asumiendo las posturas más conservadoras.Mantener las culturas indígenas intactas significa ni más ni menos que sus miembros deberán renunciar a los cambios que experimentan de manera natural todas las culturas. Estos cambios se deben a muchos factores, entre ellos a su contacto con otras culturas y en especial a las innovaciones tecnológicas del entorno exterior. Pretender que los indígenas conozcan la radio y ahora el internet y los celulares y no ocurra una transformación en sus valores y prácticas es una utopía.De hecho, las mismas ONG que asesoran a las comunidades indígenas terminan por producir cambios culturares. El discurso y la ideología de la mayoría de los líderes indígenas que interactúan con el Estado no son nativos sino fabricaciones de estas ONG. Tan poco originales son que algunos indígenas las usan para sacar provecho de su interacción con el resto de la sociedad al asumir posturas políticamente correctas. Basta comparar la representación que hizo Rojas Birry de luchador de la causa indígena con la forma tan burda de manejar la corrupción política.Per se no considero reprochable que existan ONG y sectores que asesoren a los indígenas para interactuar con el Estado. Tampoco reprocho que tengan una postura política en ese propósito. Consciente o inconscientemente todos tenemos una postura política sobre los temas públicos. Lo que encuentro inconveniente es que vendan la idea que la única defensa legítima de la cultura nativa es mantenerla en una situación de aislamiento e inmovilidad.Primero porque no es viable una situación de ‘comunidades congeladas’ como lo he dicho antes. Segundo, porque no es deseable que sean actores externos que impongan lo que esté bien y lo que esté mal en el nombre de la identidad cultural. En mi caso recuerdo con mucho tedio las épocas de adolescencia. La falta de libertad y la estrechez de valores en provincia durante el final de la Guerra Fría hicieron esos tiempos uno de los periodos más aburridos de mi vida. No quisiera que aquellos adolescentes indígenas que no sientan mayor simpatía por los valores y prácticas de sus comunidades estén condenados a vivir perpetuamente lo mismo. Al menos deben tener el derecho y la autonomía para poder cambiar su propia cultura.Por último está un tema de pragmatismo debido al conflicto armado. Para bien o para mal si existe una institución que puede hacer respetar la autonomía de los indígenas es el Estado. Con toda su ineficiencia y su vulnerabilidad a la influencia de élites regionales que no ven la hora de explotar la tierra y el trabajo indígena, el Estado es la única institución que puede hacer dos cosas al tiempo: protegerlos y velar que las decisiones de la comunidad se respeten. Si aspiran a una autonomía de facto los indígenas no podrán vivir separados ni encapsulados en el tiempo por fuera del Estado. Quiéranlo o no.

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