Arribismo de Estado

Junio 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gustavo Duncan

Las aspiraciones del presidente Santos de que Colombia ingrese a organizaciones exclusivas como la Otan y la Ocde pueden ser válidas. Pero hasta ahora no ha sabido explicar cuál es el propósito de sus aspiraciones y ha dejado en el aire la sensación que hay mucho de ansias de figuración personal en escenarios que no son propios de Colombia. Está bien que hayamos mejorado mucho durante la última década, sin embargo aún estamos lejos de poseer los atributos para ingresar a estas organizaciones. Tampoco es claro cuál va ser nuestro papel al interior de instituciones con una agenda dictada por las prioridades del mundo desarrollado. Mucho menos contamos con los medios para participar en las decisiones. Si a duras penas disponemos de unas pocas viejas corbetas para vigilar nuestro cada vez más reducido mar territorial, ¿cómo vamos a participar en operaciones navales en el Atlántico Norte? ¿Vamos ahora a ser donantes internacionales y en vez de utilizar el populismo de Chávez regalando petróleo utilizaremos la solemnidad de las agencias de cooperación europeas?Da la impresión que Santos es como esos padres de familia de tierra caliente que apenas ascienden a clase media, ni siquiera media alta, aspiran a pertenecer al club de la aristocracia local. En un acto desesperado de arribismo se someten al escrutinio de sus superiores en la jerarquía social para demostrar que cuentan con los modales y la educación para pertenecer a ellos a pesar de no tener recursos suficientes y de vivir en otro vecindario. El resultado final puede ser muy humillante como sucedió con Santos. Le tocó recular con lo de la Otan mientras daba excusas disparatadas al bloque de la izquierda en Latinoamérica.Por supuesto esta es una caricatura de lo acontecido. Lo del ingreso a la Otan puede servir para mandar un mensaje a las Fuerzas Armadas que luego del fin del conflicto hay trabajo disponible, mucho mejor remunerado, como tropas expedicionarias en conflictos irregulares a lo largo del mundo. También tiene sentido participar en la agenda de cooperación de los países donantes. Pero hasta ahora nada de eso es creíble. Lo que queda es la imagen de un arribista de estado al que le negaron el ingreso a un club selecto a pesar de sus ‘buenas costumbres’.Gran parte de la imagen de arribista proviene también del prejuicio de la clase dirigente de Bogotá con el resto del país. Ya lo dio a entender el expresidente Samper en una entrevista cuando dijo que él no pertenecía a la oligarquía bogotana sino a la aristocracia bogotana, gente sin mayores riquezas pero de muy buenas costumbres, bastante educadas y con una visión cosmopolita que le permite codearse con la nobleza y la dirigencia mundial. Todo lo contrario a las elites incivilizadas de las regiones que solo se sienten a gusto si su anfitrión es un oligarca texano.En el fondo es como si el padre de familia argumentara en su solicitud de ingreso al club los esfuerzos realizados por educar a sus bárbaros y díscolos hijos. Mientras tanto sus hijos ya no sueñan con ser obedientes miembros de la clase media de provincia. Quieren ser nuevos ricos y tienen los medios para hacerlo. El narcotráfico, las rentas mineras, la corrupción y la violencia les enseñaron una alternativa más efectiva para aspirar a un poder social no solo en tierra caliente sino hasta en la misma Bogotá.

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