Oasis

Junio 16, 2017 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

El golfista Tiger Woods fue detenido hace días por manejar intoxicado y dijo a los agentes que consumía vicodina, un opiáceo, un fármaco.

Ya lo había hecho cuando tuvo un accidente en 2009 y chocó contra una boca de riego a la entrada de su casa de Orlando.

Aquella noche se destaparon su caos vital y sus constantes infidelidades por no saber manejar su sexualidad.

Un año después, su linda esposa Elin Nordegren lo abandonó y se llevó sus dos niños, la hija Sam, de nueve años, y el hijo Charlie, de ocho.

El hilo entre el incidente de 2009 y el del lunes 31 de mayo es la siniestra relación de Woods con los fármacos.

Él ha intentado recuperar su lugar en el podio del golf, pero hace nueve años no gana un grande del circuito internacional. Ganó desde 1996 14 grandes y 79 títulos.

Ha tenido lesiones, pero incluso bien físicamente, no logra sus metas porque está muy mal espiritual, mental y emocionalmente.

Sin juzgarlo, él es un espejo de qué es lo que hay que cuidar en la vida. Lleno de dinero pero sin amor, sin paz y sin felicidad.

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