Oasis

Mayo 12, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Hace años el médico me recomendó unos días de descanso y me fui a estar tranquilo unos días en el campo.

Allí hice cierta noche una charla para un grupo de oración de campesinos muy bondadosos y humildes.

Después hablamos y vi que su fe no tenía fisuras. Para ellos Dios no era una palabra, era una presencia amorosa y constante.

Dijeron que querían orar por mí y, mientras lo hacían, sentí una paz infinita en el alma y un gran alivio emocional y físico.

Después pensé: recorro largas distancias para dar clases y conferencias sobre Dios mientras estas personas lo viven más que yo.

Entonces me dije: la clave está en recorrer sólo una cuarta: la distancia entre la cabeza y el corazón. Saber menos y sentir más.

La anterior es la sincera confesión de un famoso teólogo europeo y nos deja una gran enseñanza:

En el sendero espiritual se avanza, no con razones o sabiendo textos sagrados, sino con amor puro, entrega, desapego y sencillez.

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