Oasis

Abril 19, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Doy gracias a Dios que me ha dado el gran regalo de compartir en varias ocasiones con los lamas tibetanos.

Son maestros en el arte de meditar, con un envidiable desapego de lo material y una bondad y una compasión que viven e irradian.

También son maestros en algo que necesitamos mucho los occidentales: en el arte del buen morir porque aman la muerte y no le temen.

De su hermosa tolerancia aprendí cuando un amigo los hospedó en su finca y la mamá les preparó un delicioso sancocho con carne.

Ella lo hizo con cariño sin saber que eran vegetarianos y ellos, al sentarse a la mesa, le dijeron con un respeto y un amor admirables:

“Gracias, para nosotros el amor es más importante que una regla y vamos a disfrutar la comida que nos preparó”.

Así lo hicieron dejando una gran lección: lo que cuenta no son reglas ni mandamientos, sino sólo el amor.

Desde ese día los admiré más y volví a comprobar gozoso que en todos los credos hay personas lindas que nos enseñan a vivir.

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