Oasis

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Noviembre 06, 2017 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

El cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, pidió hace días a los párrocos recortar el número de misas y dio estas tres razones:

“Menos gente que viene a misa, menos curas disponibles en parroquias, y los gastos crecientes que supone tener más celebraciones”.

Es una noticia que se suma a algo duro para la Iglesia que hace tanto bien: El cierre de templos en Europa desde hace años.

Son hechos que piden cambios porque las fallas no están en la gente, sino en el servicio que se les brinda: excelente y atrayente o rutinario y que no seduce.

En lenguaje metafórico toda iglesia es una empresa que, si sirve bien tiene clientes satisfechos, y si sirve mal está en riesgo y le urge renovarse.

El éxodo de católicos a otros credos es algo que la Iglesia no ha sabido frenar por resistirse a reinventarse y hacer cambios necesarios.

Cambios que para nada afectan lo esencial de la fe que es sólo el amor, el único mandamiento que dio Jesús.

Todo lo demás son normas y tradiciones humanas susceptibles de cambio en cualquier religión. En los últimos 50 años más de un 50% de católicos ha migrado a otros credos en Centroamérica.

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