Oasis

Oasis

Abril 02, 2017 - 07:00 a.m. Por: Gonzalo Gallo

De Nieztsche: ¿No oísteis hablar de aquel loco que en pleno día corría por la plaza pública con una linterna encendida, gritando sin cesar: Busco a Dios, busco a Dios?

Como estaban presentes muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron la risa. El loco se encaró con ellos, y clavándoles la mirada, exclamó:

¿Dónde está Dios? Os lo voy a decir. Le hemos matado; vosotros y yo, todos nosotros somos sus asesinos.

Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿No caemos sin cesar? ¿No caemos hacia adelante, hacia atrás, en todas direcciones? ¿Hay todavía un arriba y un abajo?

¿Flotamos en una nada infinita? ¿Nos persigue el vacío? ¿No hace más frío? ¿No veis de continuo acercarse la noche, cada vez más cerrada?
¡Dios ha muerto! ¡Y nosotros le dimos muerte! ¡Cómo consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos!

Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo ha teñido con su sangre nuestro cuchillo.

¿Quién borrará esa mancha de sangre? ¿Qué agua servirá para purificarnos? La enormidad de este acto, ¿no es demasiado grande para nosotros?

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