Oasis

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Septiembre 24, 2017 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Hoy proliferan iglesias cristianas por doquier que tienden a darle más importancia al libro de la Biblia que a Dios.

Buen número de ellas están aferradas al texto escrito, a los diezmos, a una fe de temor, a asustar con el diablo y al fanatismo.

Por eso mismo no aceptan la inclusión social, son intolerantes y creen en su ego sutil que son las dueñas de la verdad o de la salvación.

Hay que reconocer que, a pesar de eso, allí muchos crecen en su fe, aunque acepten sumisos ser manipulados y amedrentados.

En un culto más dinámico y participativo hallan la paz y el consuelo que no reciben en misas rutinarias, muy verbales y pasivas.

Es una falla que buena parte de los pastores mezclen sin pudor la religión y la política porque eso les da poder y buenos réditos.

Es injusto incluir a todos en eso porque hay pastores que, a pesar de aferrarse del todo a lo escrito, actúan con buena consciencia.

Mientras la Iglesia católica no se sacuda seguirá perdiendo gente. De hecho en Centroamérica ha perdido más de la mitad de sus fieles en 50 años.

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