Oasis

Julio 06, 2017 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Ejercítate en el arte de admirar y sentirás una sensación de euforia apreciando cualidades ajenas y descubriendo dones y maravillas.

El amor comienza con la admiración y sin ella se marchita. Bien dijo el poeta inglés William Blake: “Los ojos del tonto no ven lo mismo que los ojos del sabio”.

¿Ves todo lo bueno que hay en ti mismo, en los otros y en la realidad? ¿Cómo está tu capacidad de asombrarte y regalar elogios sinceros?

Ten presente que al pulirte mueves a los que te aman a admirarte y cuando no te cuidas, siembras tedio y desdén y tu camino es una suma de desdichas y desaires.

Hay una prueba interesante que ojalá practiques varias veces con los seres queridos y los amigos:

Pregunta a alguien de qué color son los ojos de una persona conocida, algo que a ese ser le guste mucho y algo que tema.

Hazlo y notarás que muchas personas se quedan perplejas sin poder responder. Decimos que conocemos bien a los demás, pero es falso.

Así es, oímos sin escuchar y miramos sin ver en un mundo acelerado. Ojalá captes que “los ojos no sirven de nada a una mente ciega y un corazón de piedra”. Proverbio árabe.

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