Y para el 31, ¿qué?

Y para el 31, ¿qué?

Diciembre 27, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Puede aturdirse con risas, bullas, pitos y serpentinas. Puede levantar la copa de champaña, aguardiente, cerveza, vino o agua, para brindar por lo que viene pero la insatisfacción queda allí. Pegada como una garrapata, adherida a las entrañas. En el fondo de usted es muy consciente de que ‘eso’ no es todo. ¡Falta algo! El vacío que se experimenta en el corazón sigue allí, golpeando, abriendo hueco, lacerando. La felicidad de la que se habla, “feliz año”, “te deseo lo mejor” pareciera como si no encontrara eco. ¿De qué felicidad se trata? ¿Cuál ‘feliz año’ si todo puede continuar igual?Los seres humanos estamos a la mitad del camino entre las bestias y los dioses. A la mitad del camino. A veces ‘hala’ demasiado la bestia, aquella que busca saciarse en lo material. Aquella parte que cree que con objetos o posesiones se podrían colmar todas las expectativas. Comprando, bebiendo, gritando, parrandeando, comiendo, regalando, saturándose en cuerpos y figuras, buscando aquí y allá un clímax irreal. Pero es una satisfacción instantánea. Que puede llenar y agradar temporalmente pero el vacío vuelve. Porque no se puede olvidar, nos guste o no, que también está el otro lado. La parte espiritual, el alma, la psiquis, como quiera llamarla. Esta dimensión no se llena con objetos, ni con parrandas, ni con abrazos, ni con bulla. La insatisfacción surge cuando sólo nos preocupamos de un solo lado de nuestra esencia. Es como quedar mal nutrido porque sólo alimento una parte de mi ser. Y para nutrir la dimensión espiritual necesariamente deben existir elementos trascendentes, conexiones con lo intangible. Aún más: el único o la única que puede llenar esa espacio vacío, lleno de inquietudes, es usted mismo y sólo con usted mismo. Ni siquiera un buen amigo o amiga, un maestro, un gurú, ni tampoco alguna compañía externa. Porque podría darse el caso de que usted sea amable u amoroso con alguien y no reciba en la proporción de lo que dio. No importa: la dimensión espiritual no se llena desde afuera. Otra vez, sólo con usted mismo. Con lo que usted sienta, con su silencio interior, con su forma de aceptar que estamos obligados a alimentar las dos áreas de nuestra identidad. Aclarando que no estamos fragmentados, pero a veces es necesario utilizar cierto lenguaje para poder aceptar nuestra condición humana.El 31 de diciembre reclama, por lo tanto, alimento’ para la otra dimensión. Es una fecha simbólica y pertenece a la categoría de los rituales. La celebración del 31 lleva implícitos el simbolismo de la vida y la muerte, el comienzo y el final, la alegría y la tristeza. Es una conmemoración donde la angustia puede hacer estragos. Y donde todo se reúne para celebrar la utopía de la felicidad de apariencia. Por eso es una celebración tan paradójica. El miedo y la confianza, los sueños y las desilusiones, los planes y los fracasos, todo convive en el mismo momento para recordarnos la fragilidad de la condición humana y la necesaria conexión con un más allá, lo único que le da sentido a nuestra incertidumbre actual. No hay que olvidar esa otra dimensión, no se puede desconocer que estamos a mitad de camino entre bestias y dioses por lo tanto hay que nutrir la otra parte que no se ve, pero existe. Los procesos de conciencia individuales o colectivos están en marcha y este 2012 nos sorprenderá por lo inesperado. Lo que se siente (y se palpa) es asombroso. Sólo entonces podrá tener paz. Y que mayor satisfacción y augurio para un nuevo año que sentirla.

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