¿Y la publicidad, qué?

Noviembre 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Que el mundo está enredado? Es obvio. ¿Que el afán por el dinero llevó al consumismo exagerado y a tergiversar el sentido de la vida? También es claro. Que los participantes en ese desastre ‘somos todos’, también es contundente. Por lo mismo la situación actual exige por todo lado que reaccionemos, que despertemos de este marasmo asumiendo la responsabilidad que nos corresponde como habitantes del presente. Para empezar lea…Por radio se transmite una propaganda que dice más o menos lo siguiente: “Soy el nuevo Carlos Rodríguez: lo de Rodríguez y lo de Carlos se lo debo a mi papá. Lo de nuevo se lo debo a mi nueva camioneta de 43 millones que compré, porque cambió mi vida. Ahora todos me llaman para salir, soy otro, ya tengo amigos, me invitan y mi vida es diferente. Todos quieren conocer mi nueva camioneta, todos quieren estar conmigo, con el ‘nuevo’ Carlos Rodríguez y ahora si me buscan para pasear. Entonces, si quiere ser otro, nuevo, compre ‘x’ marca de camioneta y… usted será otro, será un nuevo individuo”.El titular de este periódico hace unos días dice que en Cali el 40% de la población sufre trastornos mentales. Los casos de personas que se quedaron sin empleo o fueron desplazados o no tienen recursos económicos, se cuentan por montones. Gran parte de esos trastornos psicológicos se deben al estrés que produce ‘no tener’ para poder subsistir, de acuerdo a un mínimo exigido por la cultura consumista y entonces teniendo, se deja de ser invisible. Es decir ‘importante’ para sus amigos, su novia o su familia. Algo semejante a “el que no tiene no existe”. En la propaganda de marras, ‘Carlos Rodríguez’ no existió hasta que no tuvo una camioneta de 43 millones. No es necesario ser experimentado psicólogo para concluir lo que pasaría con este individuo el día que pierda su camioneta. Claro, también perderá ‘su identidad’ y será un número más en el porcentaje de enfermos mentales de este país.Porque la publicidad definitivamente ‘se tiene que tocar’. ¿Qué tan responsable es de lo que sucede al promocionar y vender ‘mentiras’? Propaganda donde se incentiven trago o cigarrillo generarían enormes protestas puesto que el daño sería evidente. Pero como aquí las repercusiones son interiores, en el campo emocional y ‘eso no se ve’, los publicistas cranean propagandas nefastas para la salud mental y ¡no pasa nada¡ Total, la autoestima (para algunos) es un problema que le compete ‘sólo’ al que lo vive. Y como vender es lo importante, al diablo con los problemas psicológicos…Pero, o cambiamos o cambiamos. El malestar del mundo es general. Seguir creyendo que los objetos materiales dan felicidad es la estafa más grande de nuestra cultura. Los indignados de todo el mundo lo expresan. Y en la ‘venta’ del consumismo la publicidad tiene enorme responsabilidad. La propaganda crea un mundo ficticio y vende un producto para que ‘todos ganen’. Los productores, los publicistas y el consumidor. Sólo que, al tiempo, los consumidores se dan cuenta que ‘en ese producto’ no estaba la felicidad. Ni en el otro, ni el siguiente. Hemos vivido engañados. El despertar de conciencia se produce de muchas maneras y una de ella (colectiva) es cuando al mundo material se le cae la careta y queda al descubierto. Cuando nos encontramos con la estafa de la cultura vendida a través del consumismo. Como idiotas hemos participado del juego. Y la publicidad tiene mucha pero muchísima responsabilidad en este descalabro.

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