Viena Ruiz

Diciembre 02, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Que si los Medios de Comunicación somos perversos? Claro que sí. ¿Que si practicamos una doble moral? Total y completa. ¿Que si manejamos nuestros propios intereses? Quién puede negarlo. Los ejemplos se multiplican… Y aún cuando sé que a Diego Martínez le incómoda que se utilice el escudo de “somos provincia” como una manera de justificar las grandes discriminaciones que ‘practica’ Bogotá con el resto del país, creo que es importante intentar (al menos intentar) mirarnos a nosotros mismos buscando mejorar la escucha con estamentos que carecen de privilegios y poder. Porque la semana anterior los medios capitalinos le ‘abrieron’ los micrófonos a Viena Ruiz para que se defendiera (está en todo su derecho) por las implicaciones sobre su posible complicidad con el descalabro de Interbolsa. Viena explica que ella también es una víctima de los malos manejos puesto que el dinero honrado que se ganó con su trabajo también lo perdió. Le creo al pie de la letra: a ella también la tumbaron.Pero donde los medios somos perversos es en la manera como Bogotá ‘la cuidó’ en los interrogatorios. Viena vive en la capital, se mueve en ese entorno y el trato es ‘especial’, diferente, mas refinado. En casos semejantes (pero de provincia), los medios han ‘devorado’, por ejemplo, a Natalia París por haber estado casada con un mafioso lo mismo que a Luz Mery Tristán le han cobrado su relación con Mario Valencia. Las dos últimas si son ‘culpables’, provincianas y ‘responsables’ de su relación con su pareja (¡qué fue lo que escogieron!) y para bien o para mal tiene que sufrir las consecuencias de su elección. Pero Viena no, ella es víctima, lo explica y justifica con miles de razones y documentos. Lo que Viena calla es su ‘complicidad’ en el disfrute del dinero que tuvo con su esposo. Vivió con el billete de un hombre que se enriqueció, según parece, manejando platas ajenas. ¿Cómo lo hizo? La Justicia lo determinará. Pero deja un sabor muy amargo mirar ‘cómo’ vivieron, aparentaron, derrocharon, se mostraron, para ahora hablar de “pobrecita yo”, no tuve nada que ver, soy víctima de las circunstancias. El matrimonio de Juan Carlos Ortiz y Viena Ruiz fue ostentoso, desproporcionado y ofensivo, para un país con tantísimas diferencias sociales. Claro, tenían derecho a gastarse la plata como quisieran. Pero es allí donde la mentalidad del rico pierde el sentido de las proporciones. Si vivieron así, en pareja, si viajaron por el mundo (‘mostrando’ su opulencia en los mismos Medios) entonces ahora ‘no le queda’ a Viena el papel de víctima. “Entiéndame, denme la razón, yo no cogí plata de nadie”. Pero, qué pena, ‘disfrutó’ de las mieles del poder y es allí donde no ‘cuadra’ su papel de pobrecita. Y donde, los medios jugamos el papel de la doble moral. Viena es víctima pero Natalia París sí es responsable socialmente de su elección. ¿Cómo lo explicamos? El uno era mafioso, el otro se presume estafador. ¿Cuál es la diferencia de rebote para sus compañeras? ¿Por qué socialmente a una se le cobra y a otra se le redime?La doble moral de los medios nos debe llevar a revisarnos y a aceptar que debemos tener la misma medida para todos las historias y los hechos. Eso se llama coherencia. Pareciera que a nuestros amigos los ‘tratamos’ diferente pero a los ‘no amigos’ los podemos destruir. Y más aún, en Bogotá hay un rasero para medir (y justificar) lo que sucede con la gente de la capital, pero la provincia es discriminada, atropellada, culpabilizada. Cuántas personas no desearían el espacio y la vitrina que se le dio a Viena (¿porque era periodista de la capital?) para justificar lo que no tiene justificación. La discriminación con algunos en detrimento de otros es lo que nos hace perversos. ¿Podemos explicarlo?

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