Una lata de salchichas

Enero 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Ni manera de argumentar que el objetivo era ‘tirársela’. Ya pasó y cada quien está en su derecho de hacer su propio balance. Sin embargo, es importante realizar un análisis y aprender de lo que vivimos. O mejor sería decir, aprender de la forma como el Alcalde de Cali ‘pretendió’ educarnos. Porque los dirigentes ‘crean’ políticas de cambio o de perpetuidad. Crean conciencia de cómo pueden los ciudadanos interpretar su momento. Son los dirigentes públicos los llamados a crear mentalidad. Y para muestra la manera como Jorge Iván Ospina interpretó el sentido de la solidaridad. El desarrollo de la Feria de Cali al lado de las inundaciones del Valle es una prueba contundente de lo que significa para él, sintonizar con nuestros vecinos.Y luego nos quejamos del materialismo de las nuevas generaciones. Nos desgarramos las vestiduras ante su frialdad e indiferencia. “Es que no les importa nada”. “Lo único que les preocupa son ellos mismos”. Pues bien, el Alcalde de Cali consideró que la solidaridad se manifestaba aportando latas de sardinas o bultos de arroz o un rollo de papel higiénico. Cali tenía derecho a divertirse sin importar el dolor de sus vecinos del norte del Departamento. No, no me refiero a los de la costa norte. Me refiero a los que están a 300 kilómetros de nosotros y que muchas veces se sienten más paisas que caleños. ¡Hasta razón tendrán! O a los que están aquí, en las goteras (¿es Cali o es Yumbo?) que podían sentirse ‘auxiliados’ y agradecidos mientras nosotros, en Cali, bailábamos después de regalarles paquetes de fríjoles. Para el Alcalde, nos podíamos divertir y rumbear al lado del dolor de nuestros vecinos si reemplazábamos las emociones con ‘productos no perecederos’. La solidaridad, entonces, no es un sentimiento; es un objeto material que se puede tasar con dinero. Y si usted participó en cuanto evento hubo, pero aportó su cuota de ‘solidaridad material’, tranquilo, las latas de salchichas equivalen a los decibeles de sus sentimientos. Y además, los que sufren se sentirán perfectamente ‘compensados’. Educamos en lo material, pero no educamos respecto a lo que es el sentir, el vibrar con el dolor del otro. Es como si usted estuviera enterrando a su madre y en la casa de al lado se realiza tremenda pachanga. No, no importa la fiesta y la rumba siempre y cuando paguen el funeral. El dolor se compensa con ‘ceros de una chequera’. Además, el producto perecedero le da licencia para que la solidaridad quede exenta de sufrimiento.Sí, era más fácil dar objetos que sintonizar con su angustia. Era más light reemplazar con dinero una emoción que vivirla y respetar el momento de nuestro vecino, de ese otro vallecaucano o vallecaucana inundados. No educamos sentimientos, no creamos la sintonía con el dolor. No sentimos al otro como nuestro hermano. La frialdad emocional hace de las suyas. Entonces, no se extrañe si su hijo le reemplaza el abrazo por un reloj. ¿Es más útil el reloj que el abrazo, no es verdad Alcalde? Usted nos dijo a los caleños y caleñas que divertirse mientras en la casa de al lado sufren es un acto de solidaridad fácilmente reemplazable. Las toneladas de productos recogidos son el equivalente de lo que en Cali, según Ospina, es solidaridad. Quedamos redimidos y exentos de culpa. Siempre es que un producto material hace ‘maravillas’ en el contacto entre los seres humanos desprovistos de emotividad. Y en escuelas y colegios de Cali se instalará una nueva cátedra cuyo objetivo será aprender a reemplazar emociones por objetos materiales.

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