Todo tiene que ver con todo

Abril 26, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Si usted puede responder que la situación producida por el invierno, “nada tiene que ver con usted”, porque a usted ni lo ha tocado ni ha contribuido a producirla, déjeme decirle que por actitudes como esa es que la ola invernal se desbordó y se salió, no sólo de los cauces de los ríos, sino también ‘de las manos’ de los seres humanos. Porque todos, absolutamente todos, de alguna manera hemos contribuido a este nivel de deforestación, o abuso de los recursos naturales (¿alguna vez arrancó musgo para decorar pesebres?). Todos hemos colaborado a que se llegue a este nivel de gravedad. Los políticos con su frescura para comprar votos y ‘vender’ soluciones de vivienda en lugares peligrosos. Las entidades oficiales por su desidia en construir planes reales de ubicación, o por su negligencia en cuidar el medio ambiente. O por su manía de desentenderse de la responsabilidad, lavarse las manos y rebotarle el problema a alguna otra dependencia. Los simples ciudadanos por los lugares donde nos deshacemos de las basuras o hacemos la fogata al lado del río. Por la manera como consumimos energía o botamos agua. O por la indiferencia con que matamos animales para arrancarles la piel o nos ‘divertimos’ con la crueldad de verlos sufrir. O tumbamos árboles o arrancamos matas para ‘decorar’ las casas. O porque creemos que el dolor y la angustia de los inundados es problema del Gobierno. O porque seguimos nuestra vida “como si nada hubiera pasado” sin tocarnos con un mínimo de solidaridad por el desastre que brota por todo lado. Ésto es ya el año 2012, de acuerdo a las predicciones, período de la vida en el que tendremos que despertar del letargo y la indiferencia comunitarias. No es un año de desgracias porque sí, sino el momento para tomar conciencia, para caer en cuenta que somos parte de una comunidad donde las situaciones nos deben afectar, porque “todo tiene que ver con todo”. A través de la sofisticada tecnología existente captamos en un segundo el tsunami de Japón, el desastre de Haití, los mineros de Chile, la inundación en Colombia. Pero el objetivo no es ‘entretenernos’ con las imágenes cual película truculenta. Lo que sucede es un campanazo para ver si despertamos, si algo nos conmueve y el sentido de comunidad se despierta a través de la conciencia. O aprendemos o aprendemos.Pero despertar no sólo es ‘conmovernos’ con la imagen, sino mirar hasta qué punto esta conciencia me lleva a modificar mi forma de vida. Porque es allí donde está el sentido de solidaridad y responsabilidad comunitarias. Los gastos suntuarios para obtener cosas que se pueden perder con una facilidad pasmosa, ¿tienen sentido? No sé si comprar un reloj por doce mil dólares o dormir en un cuarto de hotel de $300 millones se justifique. No es cuestión de tener o no tener. Perder el sentido de las proporciones es una manera de desvariar, salirme de la realidad y vivir en una burbuja de cristal donde “nada me toca”. Y entonces es cuando estas conductas se pueden calificar de inhumanas. Imposible que mire la desgracia de tantos seres y permanezca impávido sin que no se modifique algo en la propia vida. Comunidad y comunión se construyen cuando se es consciente de participar del todo universal. Cada quien conoce su estilo de vida y desde que nivel puede ajustarlo de manera más proporcional con un sentido de responsabilidad comunitaria. No habrá una ley o un juez que lo determine. Es una decisión individual y es un efecto del despertar de la conciencia.

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