Sr. Colmenares

Noviembre 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Lo primero sí, decirle que lamento mucho la muerte de su hijo. Y más, la forma en que sucedió y todas las inexactitudes, interpretaciones y manipulaciones que ha producido su fallecimiento y que aún ahora, siguen sin esclarecerse, cuatro años después. Sinceramente lo lamento. Es muy complejo hablar de este tema porque muy posiblemente la verdad nunca se sabrá. Aclaro, “la verdad” que cada quien anhela escuchar. Esa verdad será imposible de obtener porque es como si existieran múltiples verdades y por lo tanto el consenso de verdad, jamás se conseguirá. De allí surge mi deseo de escribirle estas palabras. Percibo su dolor, el de su familia. Percibo su angustia, su impotencia… sobre todo, me impactó mucho que le hubiera molestado tantísimo, por ejemplo, que Laura Moncada se hubiera desplazado a Brasil, a participar del Mundial como una espectadora más cuando para usted y los suyos, la vida se detuvo hace 4 años. “Ni siquiera puede disfrutar el fútbol desde que mi hijo se murió, porque a él le gustaba mucho…” fueron sus amargas palabras.Está en todo su derecho a sentir y manifestar su dolor. A reclamar por ello. Pero, si acepta una idea diferente, si se permite “oxigenar” un poco sus emociones y sentimientos, qué tanto, en su necesidad de esclarecer los hechos, hay una terquedad obsesiva, una necesidad de “no perder”, una angustia por “tener la razón”. Nada de lo que suceda de aquí en adelante le va a devolver la vida a su hijo. Pero su actitud no permite, en términos energéticos, que él descanse y que ustedes, en familia, retomen sus vidas. La energía existe, imposible negarla, pero en esta historia cada vez habrá mas amargura en su corazón y mas oscuridad en su entorno. No se da una energía que fluya, una energía que permita esclarecer los hechos, no. Por el contrario, todo se obstaculiza, se dificulta, se enreda. ¿Se ha preguntado el por qué? Su tranquilidad no puede venir de creer que pudo probar “su verdad” porque de pronto, corre el riesgo de que el resto de su vida sea un infierno cuando no logre su objetivo. ¿Vale la pena?Es lamentable verlo en la televisión, donde cada vez es más notoria su rabia, su rencor, su impaciencia. Desde afuera, los “espectadores” del caso podemos interpretar que este pleito se convirtió en un escenario para el odio, la venganza, la retaliación. Ya dejó de ser un juicio para esclarecer la muerte de su hijo, y se convirtió en una plataforma para representar una lucha de poderes, egos, regiones, abogados, jueces, mentiras, triquiñuelas, dinero, medios. ¡Es lamentable! Puede existir, sin embargo, una salida sólo si usted se decide a transitar por ese sendero. Sólo si usted decide soltar, aceptar (con razón o sin ella) que los hechos ya se dieron y que cada quien deberá llevar el peso de su conciencia y nada más, sólo así usted será libre. Y su hijo descansará en paz. Si la justicia no logra encontrar al responsable, el peso de la culpa hará el resto. En esta generación o en las próximas. No olvide que los pendientes en el alma familiar siempre se saldan.Hay quienes deciden vivir la vida para reivindicar una muerte. ¡Qué paradoja! Como si la muerte fuera un castigo o sólo se murieran los “malos”. Y si conoció a su hijo, si como usted dice era un muchacho “de bien”, ¿usted cree que él aceptaría este desgaste familiar y personal? ¿Él era lo “mas importante” de su vida? Y ¿sus otros hijos, su esposa? Su futuro está retenido en el pasado, usted hipotecó su vida y la de los suyos. Pareciera que no tiene futuro sólo la amargura del pasado. ¿Se justifica vivir de esa manera? ¿Vivir para odiar? ¿Vivir para vengarse? Sólo usted señor Colmenares, decide…

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