Sí, pero no.

Sí, pero no.

Noviembre 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

En Psicología se analizan los comportamientos y es muy claro que algunos son patológicos. Hay personas que dada su manera de ser resulta muy complejo vivir a su lado. El perverso, por ejemplo, es uno de los comportamientos más difíciles porque la persona es ‘normal’, entendiendo por ello alguien que vive en comunidad, es inteligente, ha estudiado, puede ser exitoso, tiene familia y amigos, es agradable, en fin, es ‘común y corriente’. Ni manera de sospechar, siquiera, que sea un enfermo mental. Pero ¡lo es! Y, lo más grave aún, de acuerdo a los patrones de nuestra cultura, donde la inteligencia es la ‘reina del paseo’, algunos muy inteligentes (¿alguien duda de la inteligencia de Osama Bin Laden?) pueden llegar a ser los individuos más enfermos y que más daño hacen. Porque confunden. Porque es inadmisible dudar de su salud emocional puesto que su inteligencia es ‘arrasadora’.Personas inmaduras, egocéntricas, su comportamiento es manipulador, juegan con las emociones de los demás para conseguir algo de ellos. Saben cómo seducir al grupo y conseguir que funcione de una manera inhabitual, pero conocen sus límites y frenan su acción cuando perciben que pueden ser descubiertos. El actuar perverso se caracteriza por la falta de comunicación ya que este sujeto elude las preguntas directas y como no habla, proyecta una imagen de grandeza o de sabiduría. El perverso utiliza la mentira, pero no de una forma directa sino a través de un conjunto de insinuaciones y silencios que generen un malentendido en su propio beneficio. La agresión perversa se lleva a cabo en silencio mediante alusiones e insinuaciones. Con ello el perverso evita que se pueda determinar cuándo ha podido comenzar o bien que se pueda catalogar su naturaleza, lo que produce confusión en la víctima: ésta si llega a señalar el hecho pernicioso será refutada por el sujeto perverso y la querrá convencer de que ella es la agresora. El mensaje del perverso suele ser vago; con ello genera confusión y aun recurre a negar lo dicho para eludir los reproches, utiliza alusiones y envía mensajes sin comprometerse.¿Conoce a algún perverso? ¿Le suena el caso? La información dice que “Álvaro Uribe no revela sus itinerarios políticos. Sus aspiraciones aparecen como de otros. Cuando así procede casi nadie sabe para donde va. Ni siquiera sus círculos cercanos. No tolera muchas preguntas y no responde nada que delate su objetivo. En un intento por averiguar dice: ‘gracias, mejor después hablamos’”.Pareciera que los políticos porque son ‘famosos’ no merecen evaluaciones psicológicas. Están por encima del bien y del mal. Pero si un psicólogo recibe un ‘normal’ con características como las de Uribe, definitivamente advierte del riesgo que conlleva vivir con alguien semejante. ‘Sí, pero no’ es un comportamiento perverso, que nunca define y que agrede a quienes lo rodean por la confusión a la que los somete. El comportamiento de Uribe es doble, por un lado ‘apoya de palabra a Santos’ y por otra, mueve las fichas a su favor. Es una personalidad narcisista, egocéntrica, manipuladora y lo que cada vez es más inquietante aclarar, ¿qué tanto su trabajo es por Colombia o por su propio ego. ¿Qué tan peligrosa es una persona que cada vez más es insaciable en su ambición de poder y egocentrismo? Allí está, cada vez mas ‘retratado’ en su comportamiento perverso. Sólo resta desear que ‘el imaginario colectivo’ no vuelva a caer en la trampa de la perversión. ¡Porque es una enfermedad!

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