Secuestrada ¡para siempre!

Julio 13, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Ahora sí quedó secuestrada. Y para siempre. Ahora sí, el aislamiento y la exclusión de Íngrid alcanzaron su máxima expresión. De aquí en adelante Íngrid Betancourt y su familia deambularán por el mundo, expatriados por voluntad propia. Ellos decidieron asumir la exclusión. Renunciaron a tener vínculos, decidieron quedar atrapados en la soledad de su interpretación del mundo. Íngrid, repito, decidió la exclusión. Está secuestrada por su rabia y su amargura y de ese infierno no la libera nadie. Sólo saldrá cuando ella asuma que somos responsables de nuestra propia vida y los acontecimientos que vivimos son ‘escogidos’ como aprendizajes. Todo parece indicar, sin embargo, que aún en su proceso de evolución, no le ha llegado el momento de ser libre.Vale la pena señalar que muy posiblemente ella no ha cambiado: es la misma mujer de hace ocho años. Estuvo desenfocada en el momento del secuestro porque no midió el peligro al que se exponía. Y desafió las circunstancias. Ahora sigue desenfocada porque no midió el impacto, como una traición, que su demanda podía causar a toda una Nación que sintió como suyo su sufrimiento, su enfermedad y su soledad. No es tan sólo una burla al Ejército: es una bofetada al pueblo colombiano. Pero ahora sí (y para siempre) quedó secuestrada. Ahora sí, se quedó sin país, sin afectos, sin reconocimiento, sin admiración. Ahora sí, está aislada, encerrada en su paraíso o infierno (no lo sé), pero aislada. Egocéntrica, marcó la exclusión. Allí está su verdadera identidad. Ella nació para estar secuestrada… y lo va a estar de aquí en adelante, siempre. Secuestrada e impedida para sentir gratitud, para darse el permiso de construir lazos de reconocimiento para los demás. Para aceptar que no se es el centro del mundo. Para comprender que somos fragmentos de un rompecabezas donde las partes generan un todo. Cuando en un corazón no hay gratitud, las emociones quedan secuestradas por la amargura y el rencor: y a ese infierno no llega ninguna Operación Jaque.Creí que había sido ‘tocada’ en procesos de comprensión y desprendimiento. Creí que estaba ‘vacunada’ contra la venganza, la rabia o la violencia. Pero ella no mide lo que sus actitudes causan en los colombianos. Porque -otra vez- nos ‘toca’ con hechos inexplicables, con comportamientos agresivos que nos ponen a prueba. Ingrid -otra vez- nos pone contra la pared. Sus actitudes vulneran la ‘autoestima ciudadana’. Ella tiene la particularidad de movernos, de generar sentimientos contradictorios, de sacarnos de una aparente neutralidad para toparnos con una parte de la condición humana que quisiéramos no existiera. Es como si ella -otra vez- personificara el lado más cruel y rencoroso de lo humano. ¿De qué está hecha Íngrid? ¿Qué es aquello que la fraguó como persona? Su actitud, hoy, prueba -otra vez- que ella es consecuente. Ella sigue siendo la misma: temeraria, arriesgada, desafiante, agresiva, vengativa, calculadora, cruel, cobradora. No ha cambiado. Encerrada en su mundo, como cuando la secuestraron, considera que su manera particular de ver la vida es la de todos. Encerrada en su ego, cree que lo que es su verdad es la verdad de todos. Los que creímos que podría ser diferente, que el secuestro la había cambiado, somos nosotros… ella lo único que ha hecho es recordarnos -otra vez- que ella es ella en su mundo y en su particular manera de enfocar los hechos. ¡Y eligió estar secuestrada de por vida!

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