Religiones, ¿para qué?

Enero 21, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Hagamos un comparativo. Para explicarles la vida a los niños se utiliza un lenguaje metafórico. De acuerdo a su edad temas como, cómo nacen los niños, la oscuridad, la muerte, las fiestas de Diciembre, la obediencia, todos ellos se explican con comparaciones de manera que su mundo capte lo que se quiere transmitir. La metáfora tiene una importancia extraordinaria porque permite deducir de lo conocido a lo nuevo que se quiere enseñar. Igual sucede con la humanidad. Gran parte de la información que se nos ha transmitido ha sido ‘información para niños’, metáforas con las que esperaban que ‘entendiéramos’ los acontecimientos. Claro, con una especial dosis de miedo, castigo, culpa, de manera que el mundo considerado ‘irracional’ de un niño (en este caso humanidad) acatara al menos a través del sometimiento la norma o principio que con el que se esperaba cumpliera. Las religiones entonces formaron parte del sistema de información con que se educó la humanidad para que ‘entendiera’ el mundo y lo que es mas importante ‘acatara’ la ‘verdad revelada’. No hubo protestas, no hubo rebeldía, no hubo desobediencias. Difícilmente un niño de 5 años se subleva porque la necesidad de aprobación de quienes lo crían (y espera que lo aman) le impide cuestionar. Igual sucedió con el mundo. Hasta que ¡crecimos!El adolescente ya con más criterio e independencia sí puede preguntar. Aún más cuestiona, no traga entero. El miedo va cediendo paso y se atreve a pensar por si mismo. La autoridad de los padres empieza a perder importancia y sabe que él, como adolescente, también puede pensar correctamente. Aun cuando sea diferente a lo que sus padres dijeron.Entonces, las religiones sirvieron en un momento de la humanidad para explicar y aconductar (!) los comportamientos. Pero ahora, en plena adolescencia universal, por todos lados se oyen protestas, cuestionamientos, rebeldías. “Por qué, cómo así, quién dijo” son las expresiones mas repetitivas en cualquier lugar del planeta tierra. Las religiones sufren las consecuencias de ese despertar universal porque ya no se les cree con la misma convicción de antes. Las ‘historias’, los miedos, las amenazas, empiezan a perder importancia porque cuando se crece se espera no depender del otro sino asumir la propia vida con criterio propio. Existen comunidades que ‘cambian’ de creencias religiosas creyendo que si “allí me fallaron, acá no será igual”. Pueden saltar de una iglesia católica a una cristiana o de renovación o de iluminación. Sin embargo se desconoce que es la dependencia, la idealización lo que lleva al fracaso de las religiones. Ninguna religión dará respuesta a las inquietudes de un ser humano pensante. Ninguna esclavitud genera autonomía. Así como falla Mira, fallan los católicos (el Papa destituye a más 300 sacerdotes pederastas), y fallan otras religiones que pretenden aconductar e impiden pensar. Dios no excomulga, por ejemplo, ni Dios persigue, ni Dios cobra, pero las religiones insisten en someter y asustar.Diferente claro, el camino de la espiritualidad. Porque se puede creer en una energía universal, en un principio básico, en una integración, en una trascendencia que no necesita rituales, miedos o amenazas. A la espiritualidad se llega por el camino de la consciencia no del miedo y mucho menos de las prohibiciones o castigos. Lentamente quien va “despertando” se distancia de las religiones pero no para despotricar y hacer “lo que le dé la gana” sino por el contrario para tener consciencia de lo que significa ser individuo consciente y permitirse su propio y personal contacto con un ser superior. Vale la pena evaluar, entonces, qué tan niño es en la medida en que ‘crea’ todo lo que se dice…

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