Reinas en colegios

opinion: Reinas en colegios

Debo confesar mi pecado. Más de una vez, me muero de envidia...

Reinas en colegios

Agosto 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Debo confesar mi pecado. Más de una vez, me muero de envidia con Antioquia. Me ‘arde’ la manera como el gobernador Fajardo construye política. Y me arde porque se envidia lo que más se admira. En su filosofía (y la de su compañera de vida) cada pieza del rompecabezas intenta encajar para no terminar haciendo una colcha de retazos sino un tejido coherente donde todos los hilos obedezcan a un sentido. Entonces, hay coherencia, lo más difícil, lo más complejo, lo más estrambótico del mundo político. Y si realmente deseamos que el mundo cambie, no se puede continuar haciendo lo mismo. Para que el mundo se mueva, los hechos deben ser diferentes. Enfrentando cambios profundos donde las estructuras sean las que definitivamente se modifiquen. Nosotros movemos el cambio haciendo cambios en lo que cotidianamente creemos y hacemos. No es magia. Nadie ‘nos mueve’ el mundo: lo hacemos nosotros mismos en la medida en que estemos convencidos de que hay que untarse. Porque, repito, haciendo lo mismo, todo sigue igual.Nos quejamos con marchas, trinos y ‘desgarramientos’ momentáneos del trato y violencia que rodea la vida de muchísimas mujeres en esta cultura. La agresión y atropello contra ellas, a todos los niveles, se parece a un cáncer enquistado en las entrañas. A esta ‘enfermedad’ no se le puede aplicar una crema para untar sobre la piel: hay que llegar al meollo, a la esencia, a las entrañas. ¿Qué quiere decir ser mujer para los hombres de nuestra cultura? ¿Cuál es el estereotipo de mujer en nuestra sociedad? Sergio Fajardo acaba de prohibir reinados de belleza en los colegios de Antioquia: no más a la competencia por belleza, por medidas o por las dos a la vez. La mujer no es solo cara y cuerpo. En nuestra sociedad las diferencias descalificadoras entre hombres y mujeres son tan grandes que generan formas de vida totalmente desiguales: hay reinados femeninos y no masculinos porque a las mujeres y a los hombres se los evalúa socialmente de otra forma. La mujer se queda con la imagen y el hombre con el contenido. Y vale la pregunta, en esta desigualdad, cuál sexo pierde y cuál gana.Los encargados de la moda se quejaron por la filosofía de Fajardo y más después del exitoso Colombiamoda en Medellín. “Perjudica el negocio”, dijeron y hasta Pilar Castaño optó por decir que las niñas ‘necesitan’ esta clase de actividades en su formación para tener mejor autoestima. Es bien interesante comprobar cómo la mirada mercantilista es el primer estímulo para emprender cualquier actividad. Lo demás es secundario... podría argumentarse entonces que, como la droga es rentable, hay que permitirla. Qué bueno que exista la moda pero en aras del negocio y de la actividad no puede permitirse el uso del cuerpo y la imagen femenina para cosificarla. Si la industria de la moda respetara de verdad a la mujer, contribuyendo a que su calidad de vida fuera diferente, no promocionaría desfiles de modas solo para flacas. Las vitrinas, las modelos, las propagandas, todo ‘vende’ un estereotipo de mujer fuera de la cual se es invisible. ¿Cuánto sufrimiento y dolor genera esa actitud? ¿Cómo reaccionan los hombres y cómo las mujeres frente al mundo de la apariencia? ¿Qué tiene que ver esto con la violencia doméstica? La medida de Fajardo es excelente porque ayuda a formar otra clase de valores en la cultura donde la mujer deje de ser el ‘decorado’. ¡Por allí es! Es la llave para logar una nueva mentalidad y nuevos comportamientos.

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