Quitamaridos

Quitamaridos

Julio 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Se dice popularmente que no existe rival más fuerte para una mujer que otra mujer. Hay situaciones donde las mujeres son despiadadas con otras mujeres. La psicología podría explicarlo detallando la profunda rivalidad de la madre con la hija (tema poco estudiado por “peligroso”) pero que motiva a que la mujer busque especialmente ‘agradar’ al hombre y controvertir con su congénere. Historias de la preferencia de la madre por el hijo varón, en detrimento de su propia hija, abundan en los anales del comportamiento humano. Edipo y otras cosas podrían ayudar a aclarar el asunto. Lo cotidiano está lleno de ejemplo.Ahora resulta que la mala de la película, la quitamaridos, la rompehogares es Isabel Preysler y Vargas Llosa es un simple idiota (la censura me impide escribir la palabra adecuada), ‘víctima’ de la arpía que lo ‘obligó’ a dejar su ‘excelente’ matrimonio de 50 años. Se necesita saber muy poco del comportamiento humano para llegar a tan machista conclusión. Ella es la mala y él es la víctima. Las mujeres periodistas, en general, han sido despiadadas con la Preysler que ha recibido toda el agua sucia como si el premio Nobel fuera un santo varón. Prefieren echarle la culpa a ella que aceptar la responsabilidad masculina. Como sucede en tantas historias cotidianas, la mala es la moza, a quien odio es a la otra, pero a él se le perdona todo y se lo vuelve a recibir. ¡O no!El victimismo siempre produce seguidores. Patricia, la abnegada esposa, fue engañada por el ‘sinvergüenza’ de su marido y por lo tanto hay que ser solidarios con su causa de ‘mujer abandonada’. Pero, ‘la abnegada esposa’ ¿qué tan aburridora era? ¿Qué tan controladora o posesiva? ¿Qué tan alejados estaban el uno del otro? ¿Los unían tan solo hijos y nietos? El que hayan celebrado los 50 años con fiesta y parafernalia pudo ofrecer más a presión familiar, ‘tocaba’, a la necesidad de ‘la foto para el recuerdo’, sin que hubiese verdadero motivo para celebrar. Los hijos son expertos presionando “papi, cómo le vas a hacer eso a mi mamá, hay que celebrar” y si él no tenía en ese momento otro interés, pues se ‘presta’ para la foto, para el show. Pero eso no significa que el matrimonio fuera adecuado. O que los dos vivieran en un nido de amor. Un matrimonio no se termina por un solo lado y en más de una ocasión, anquilosarse, creer que ya es “para toda la vida”, es una manera de arrastrar un muerto del cuál solo queda el cadáver. Un matrimonio tampoco se acaba “de un día para otro”, ni nadie “felizmente casado” se engarza tan fácil de algo externo. Debía estar muy, pero muy aburrido… y claro acercarse a alguien ‘encantadora’, seductora y ‘viva’, marca la diferencia. La cultura (estas mismas mujeres que juzgan tan duro) son despiadadas si una mujer ‘pretende’ hacer lo mismo, es decir ‘terminar’ con un aburridor matrimonio y voltear a mirar para otro lado.Lo que es cierto en que en la gran mayoría de los casos, la mujer ‘siempre’ pierde. O juzgada por hombres o juzgada por mujeres. Y los hombres siempre ‘se salvan’. Pobrecitos… La que se embaraza es la mujer, la que acaba matrimonios es la mujer, la que se convierte en moza es una mujer… Que tanto en ese juzgamiento a la mujer hay una rabia ancestral de mujer a mujer, donde se le cobra a ella ‘la fragilidad’ masculina. Cuántos hombres no han tenido 3 o 4 mujeres y se los admira por su ‘buen gusto’, hombría, virilidad y no se cuántos ‘atributos’ más. Pero los medios se han ‘tragado viva’ a la Preysler cuando esa conducta, ‘actuada’ por un hombre es ‘absolutamente’ normal. Hasta en la forma de concebir la vida, el matrimonio, la infidelidad, las relaciones de pareja, el machismo hace de las suyas. Los hombres son ‘vitales’, las mujeres ‘sinvergüenzas’ o quitamaridos. ¡Qué viva el equilibrio!

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