¿Qué tan bromista es usted?

Enero 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Hemos creído que los enfermos mentales son seres extraños, a los que ‘se les nota” la “pendejada”. Algo raro deben tener para ser patológicos. Sin embargo, ciertas conductas se logran mimetizar dentro de la normalidad y es bien complejo descubrirlas. La historia de la periodista, en Bogotá, que el 28 de diciembre prácticamente paralizó a la ciudad para hacer una inocentada, toca los terrenos de la perversión. ¡Y la perversión es una conducta enfermiza! ¿Dónde termina la broma y donde empieza la agresión? Esa sutil línea divisoria entre el humor y la agresión es tan pero tan tenue, que fácilmente se puede asumir una conducta perversa porque termina confundiendo. La periodista abusó de su profesión, de la policía, de la ciudad, del taxista, de la empresa para la cual trabaja, en fin… Confundió y eso es ¡perverso!Vale la pena entonces reflexionar un poco sobre el impacto de las bromas o del humor negro. Sobre todo porque al no saberlas manejar (?) o dosificar, pueden llegar a ser armas muy poderosas de destrucción. Dinamitar la autoestima de un ser humano es un “delito” de proporciones inmedibles. Ridiculizar el comportamiento humano o los defectos, también. Y las bromas son expertas en meterse en ese terreno. De allí que el humor negro sea una de las manifestaciones humanas más complejas de cuantas existen. Con una broma se pueden producir risas, alegría, placer. Pero también con una broma puedes decir una verdad que de otra manera no te atreverías a expresarla. Como también puedes ofender y generar odio e incomodidad. Las bromas pueden semejarse a un terreno de aguas movedizas: nunca sabes con seguridad qué terreno pisas. La broma se especializa en la burla de la conducta humana. En abusar de la confianza y caricaturizar despectivamente para que otros se rían de la situación. La broma puede ser abusiva o puede ser inocente. Existen comunidades enteras que han reaccionado con furia a consecuencia de una broma. “Broma de mal gusto”, o “se le fue la mano”, o es despiadado, son expresiones dichas frente a situaciones calificadas como humorísticas, pero que terminan convertidas en verdaderas ofensas contra la dignidad.De las conductas humanas que más me impactan creo reconocer que la perversión es la que se lleva el “primer” puesto. La perversión en lenguaje sencillo, de acuerdo a la psicología, es la capacidad de confundir. Cuando una persona está furiosa pero sonríe frente a su interlocutor para que “no le note” su rabia, asume una conducta perversa: lo está confundiendo con sus emociones. Sí pero no. El seductor que insinúa, invita, alebresta, pero nunca concreta ni se compromete, es un perverso. Porque la otra persona no puede “agarrarse” de nada, ni de una palabra, ni de un gesto, porque el seductor lo niega. Las bromas también pueden entrar dentro de la categoría de la perversión. De allí que “cuidar” aquello de lo cual nos vamos a reír, es un acto de comprensión y generosidad. La risa a costa de otros es un acto perverso.El impase del 28 de diciembre debe aleccionar. El abuso de poder y de confianza mostraron cuán difusa es la línea divisoria entre una broma o inocentada y el sentido común. El protagonismo, querer figurar, nos invade de tal manera que el “todo vale” también tiene cabida en este terreno. Es mucho más complejo manejar humor y bromas que temas serios. Entonces, no hay que olvidar cuán peligroso pueden llegar a ser las bromas cuando el protagonismo o la burla son el motor de su construcción.

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