¿Qué espera del 24?

Diciembre 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

La Navidad tiene una aureola de encanto y de misterio que seduce. Hablar de diciembre es como hablar de nostalgia y de recuerdos: siempre remite al pasado. Se espera mucho de ella, para que nos dé la tan anhelada felicidad. Sin embargo, la Navidad que anhelamos, o que recordamos ‘no existe’. La construimos en nuestra fantasía, donde todo es posible. Allí, en la imaginación, sí hay familias perfectas, abrazos cálidos, promesas cumplidas, hogares amorosos, unión familiar, ausencia de rencores, regalos especiales. Allí en lo imaginario todo es posible... Pero la Navidad que soñamos está muy lejana de la real. Por lo tanto, las desilusiones no se hacen esperar. Lo que más lo puede golpear el 24, al filo de las 12 de la noche no es la realidad, sino lo que esperó de ese día. Todas las expectativas e ilusiones que construyó durante meses, o días o momentos, pueden convertirse en afilados cuchillos que se clavan en el corazón “porque nada de lo que esperaba se cumplió”. No recibió la llamada del amigo (o de la amiga), como todos los 24 los niños pelearon, también se llegó tarde al almuerzo de la abuela. Se volvieron a contar los mismos chistes del año pasado y hasta el repertorio de CD es el mismo de otras navidades. Hubo exceso de tragos, puyas de la tía, aburrimiento porque, ¿qué es lo que se hace un 24 de diciembre? ¿Esperar las 12 de la noche para abrir paquetes? ¿Y cuáles regalos si los obsequios se suprimieron por ‘decreto familiar’?Esperó de pronto sentir “grandes emociones”, ganas de perdonar y abrazar, deseos de estar en paz con todo el mundo. Pero ninguna de las anteriores emociones ‘tuvo registro en su computador interior’. Las cosas siguieron como el 23 o el 22, y como seguirán el 26 y el 4 de enero. Entonces surge el inevitable vacío, el insoportable vacío, aquella ansiedad por anhelar cosas sin definir o precisar y que nunca llegan o nunca se consiguen. Hablar del vacío interior no es fácil pero éste ‘hueco’ roza con el mundo de los sueños y de las ilusiones. El vacío interior es proporcional a las expectativas que se tengan. Si usted espera mucho, el vacío se convertirá en cráter. Si sus sueños son desproporcionados, la sensación de desilusión será también inmedible y la desazón se apoderará de su corazón, y claro, de su estado de ánimo.Pero si no espera las cosas serán de otro color. A más de uno, le aterra la posibilidad de ‘no soñar’. Piensan que si no se fantasea no hay ilusiones. Una desilusión es una ilusión que no se cumplió. Una desilusión es cuando se espera mucho y las expectativas no dieron la talla. Pero qué paradoja, los sueños que son futuro, evaden el presente. Y por soñar (futuro) no se valora en su justa medida lo que nos rodea (presente). Que no es como lo esperábamos, pero con seguridad lo que más lo desvaloriza es la comparación con lo soñado. No esperar es un manejo de realidad. No esperar es abrir la puerta para disfrutar con lo que llegue, el presente, sin tenerlo que medir con lo que se esperaba, el futuro. No esperar es poner los pies en la tierra y aceptar desde una sonrisa hasta un abrazo, incluida la mala cara o el mal genio del ogro: la Navidad nunca ni jamás es la varita mágica que nos ‘suprime’ la condición humana y nos convierte en ángeles. No. La Navidad es un ritual, algo simbólico que sólo refleja lo que guardamos. No espere tanto y verá que tendrá mejores días. Lo que vivimos hoy entrega la satisfacción del presente, lo único que es real. Lo demás son suposiciones que empañan lo verdadero.

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