¿Por qué me dejo pegar?

¿Por qué me dejo pegar?

Agosto 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

El telón de fondo es una cultura patriarcal que educó con la convicción de que los hombres son dueños de las mujeres.De qué está hecha una mujer que deja que un hombre le pegue? ¿De qué está hecho un hombre que le pega a una mujer? ¿Cuál es la estructura psicológica de ella, que a pesar de que la golpean, continúa en el mismo lugar y en el mismo oficio? ¿Cuál es la estructura psicológica de él, que golpea y continúa en el mismo lugar y en el mismo oficio? ¿Acaso los puños que da una pareja no duelen? Existen múltiples respuestas porque la complejidad es el sello que marca el abuso contra las mujeres. El telón de fondo es una cultura patriarcal que educó con la convicción de que los hombres son dueños de las mujeres y por lo tanto ellas les pertenecen en cuanto se convierten en “objetos” a su servicio. Objetos de amor, de deseo, de placer, de complemento, pero objetos al fin y al cabo. La cultura lo transmitió así y entonces, a contraparte, la mujer lo aprendió al pie de la letra. Ella no es sujeto, es apéndice y por lo tanto está pegada, está sometida y “debe agradecer” incondicionalmente a quién la “escoge” como compañera o madre de sus hijos. Pero los tiempos evolucionan y la única revolución mundial sin sangre, comenzó y ahora es imposible detenerla. Como consecuencia, la estructura se “desorganizó” y la mujer se “igualó”. Esta igualada femenina es una amenaza para el hombre: aterrorizado de perder el poder y el control, cuando se le acaban los argumentos y las amenazas, no quedan sino los golpes y las patadas. Eso lo saben muy bien muchísimos hombres que lo practican a diario.Los dos sexos poseen energía masculina y femenina y el ideal es que en el interior de cada ser, se cree una armonía entre las dos energías. Hasta ahora estaba “mejor posicionada” la energía masculina porque sonaba a ganadora: ¡Lo podía todo! El raiting de perdedora la tenía la femenina porque se caracteriza por la conciliación y la solidaridad y estas características tienen tufillo de fragilidad. ¿Cómo esperar qué el macho cultural quiera practicarlas? La mujer, si quería triunfar, debía estimular lo masculino de su vida: total, esto era lo único ganador que le permitía su sexo de mujer: ser lo más parecida a un hombre en rabia, desafío y conflictos. Si el Bolillo Gómez le pega a una mujer y desde su corazón lo defiende, su argumento podría ser “si le pegó lo merecía”. Claro, respuesta típicamente masculina. El que golpea es un “inocente huevón” que lo incitan a que pegue. Y él, tan macho, sigue las “instrucciones” y golpea. Lógico, por culpa de la mujer que lo desafía. Cabría la elemental pregunta: ¿por qué se vuelven tan “obedientes” y hacen lo que la mujer les pide en el terreno de la agresión? ¿Por qué no demuestran igual obediencia en otros campos más amables? El aumento de la violencia masculina contra la mujer lo que esconde es un miedo visceral a perder el poder y el control ante una nueva mujer que la cultura patriarcal no reconoce y menos aún, sabe manejar. ¿Quién gana con el sometimiento de la mujer a punta de golpes? Ambas energías son necesarias, ambas deben convivir nuestro interior. La cultura debe propiciar el equilibrio. La masculina no logra un balance si la femenina no la acompaña y viceversa. Ninguna de las dos puede declararse ganadora. Ante la ausencia aparente de energía femenina, puede darse un temor por el momento actual. Pareciera que la femenina dominara. Sólo es temporal. Necesitamos conciliar y estamos construyendo el camino...*Sicóloga

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