¡Permiso para odiar!

Diciembre 26, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

2017 será un año diferente. Bueno, todos lo son, ninguno es igual al anterior o a otros del pasado. Pero la diferencia que marcará al año que comienza es el permiso social que se nos da para odiar, para hacer “lo que se me dé la gana”. Para que cada quién, como si fuéramos una gran cloaca, podamos desfogar nuestros odios y rencores sin ningún ápice de vergüenza. Las frases del americano cercano a la campaña de Trump donde pide que “Obama se muera de la enfermedad de las vacas locas” y de que su mujer Michelle vuelva a la selva “de donde nunca debió salir” son de una dimensión espeluznante. No importa si es anónimo o famoso, nada importa. Se ha abierto una puerta para que lo innombrable forme parte de lo cotidiano. Algunos la llaman ‘franqueza’ o libertad de expresión. Entonces el 2017 será un año diferente porque lo estrenamos con la sensación de haber roto los límites de la cordura para comenzar el espacio de ‘todo es posible’. Lo que se avecina es una oleada de ‘permisos sociales’ para hacer lo que se me dé la gana. Y más si es líder o famoso. Puedo jugar con la vida de los demás. Puedo ‘usar’ la verdad “como se me antoje”. Puedo odiar a quien quiera y como quiera. Es como estar al lado del precipicio, en la cuerda floja. Como en ningún otro momento de la historia reciente, pareciera como si empezáramos a jugar una ruleta rusa. Como si el ‘cierto orden’ que podría intuirse por lo vivido en años anteriores, ahora se hubiera quebrantado y debemos prepararnos para un ‘todo es posible’, cualquier cosa puede suceder. Cuando el Presidente de Filipinas puede reconocer públicamente que él “mata para enseñar” o cuando Trump no cree en el calentamiento global (por nombrar algún ejemplo), o cuando el CD acepta que movió a la indignación (y lo seguirá haciendo), el mundo cambia de rumbo hacia un sinsentido cuyo final no conocemos. En la condición humana nunca hay certezas. La incertidumbre ronda nuestra vida porque eso significa ser humano: lo finito, lo deleznable, lo que termina. Pero además del factor humano, existen personajes, movimientos o filosofías que empujan cada vez más a lo inesperado. ‘Toca’ entonces para enfrentar el 2017 perder la capacidad de sorprenderse. Debemos aceptar que las emociones están moviendo al mundo. Ni lógica ni razón. Emoción, ‘vísceras’, plexo solar, manipulando las decisiones. No hay nada que hacer frente a la avalancha. La aceptación -que no conformismo- es la única manera de enfrentarlo. Aceptación que significa no desgastarse tratando de que las cosas cambien, de que los personajes sean diferentes o entren ‘en razón’, o de que aprendan a mirar de otra manera. No. Ellos están allí con su cinismo (o inconsciencia) y hay que aceptarlo. La manera de contrarrestar esta avalancha postverdad, es no caer en la tentación de resonar en lo mismo. Se habla de estoicismo. La tentación de igualarse es máxima pero sólo la conciencia de que no puede ser ‘malo que lo hagan ellos pero bueno que yo lo haga”, es la que pone freno. No es fácil y hay que prepararse para la resistencia del corazón. Lo automático es la ira, la respuesta inmediata, devolver lo mismo. Debe existir la cordura. 2017 probara si a pesar de la avalancha inmediatista, hay todavía rezagos de esperanza sobre la condición humana. Es el reto. Sigue en Twitter @revolturas

VER COMENTARIOS
Columnistas