Payaso bebé

Payaso bebé

Julio 14, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Lo dijo Beatriz López en su columna del viernes y quiero reiterarlo porque el silencio cómplice también es agresión. Y ni siquiera la ofensa se da por la investidura del implicado. No, la gravedad de los hechos se da por la actitud continua de un periodista que construyó nombre burlándose de los demás. Y que recibe premios. Y que Bogotá lo aplaude. Y que los comunicadores de la capital se soslayan con él. ¡Qué ingenio, qué gracia, qué astucia! Allá merece reconocimiento por lo que hace pero (que viva la doble moral), cuántos de los que hoy lo aplauden, han abogado porque no continúe el bulling en los colegios, o en las redes sociales. Cuántos artículos han escrito, cuántos programas de televisión, cuántas notas de prensa, para intentar ‘convencer’ a las nuevas generaciones que el otro o la otra merecen respeto. Que no se deben burlar de la imagen, ni de los defectos físicos de sus compañeros, ni de nadie. A su vez, cuántos de los mismos que aplauden al burletero, se desgarraron las vestiduras porque un muchacho de un colegio de Bogotá se suicidó por la intolerancia de su rectora ante el hecho de que era gay. “Le hicieron bulling” y la señora está acusada de instigar al suicidio dice la información oficial. Pero el ‘famoso’ periodista puede seguir diciendo lo que se le antoje. Ja, ja, tan chistoso… Qué gracia la que tiene al escribir. No, él no hace bulling porque los famosos “no sienten”, son de caucho. Esa actitud de los ‘conocidos’ de no darle ‘importancia’ a sus palabras, de no ‘rebajarse’ para demandarlo por injuria y calumnia, le da licencia a Daniel Samper Ospina para agredir, desde la imagen física, a quién se le antoje. El, hoy por hoy, es un modelo de incoherencia y goza de la ‘creatividad’ con la que escribe. Al Ministro de Defensa lo ha llamado Payaso Bebé: “Ja, ja, cómo se le ocurrió”, no, es que es “igualitico”. Qué viva la libertad de expresión. Y claro, de provocación… Porque si usted quiere buscar en un diccionario la definición de provocación, puede hacerlo. O si no, leer una de las hirientes columnas de Samper en Semana y captar lo que significa provocar. Me enteré del calificativo al Ministro por la columna de Beatriz. Por salud mental no leo a un individuo que disfruta burlándose de los demás. Pero si usted lo lee y goza con lo que escribe, déjeme decirle que usted practica la doble moral. Si usted se ‘regocija’ con su ingenio, usted es igual de nefasto como la rectora que, burlándose del estudiante, no lo apoyó porque era gay. No podemos seguir siendo tan esquizofrénicos de pregonar una idea y practicar otra. La revista Semana ha sacado no sé cuántos artículos sobre el bulling, pero no ‘alcanza’ a leer lo que se publica en su última página. ¡Esquizofrenia ventiada!Una cosa es describir comportamientos y otra burlarse de la imagen de una persona. Una cosa es cuestionar una creencia, una filosofía, una ideología y otra muy pero muy diferente, usar lo que no nos guste físicamente de un individuo para hacer chiste sobre ello. No creo que la libertad de expresión o el humor, puedan ser ilimitados e incondicionales. Es una línea muy sutil que no la marcan los reglamentos ni las leyes externas, sino el grado de conciencia frente al otro. Allí el precepto universal de filosofías, religiones, o creencias, es el que marca la línea para colocar el límite. Puede que Samper Ospina sea tan inconsciente que diga “lo hago porque a mi nada me incómoda”. Pero si su filosofía al escribir es “nada importa, todo es permitido”, debe revisar su comportamiento: vivir ‘fuera’ de la realidad es un problema psicológico que requiere ayuda profesional. Y si no le importa por él, no debe olvidar que los pendientes del alma familiar se ‘pagan’ en esta o en las próximas generaciones…. ¡La vida cobra y es implacable!

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