Patea un balón o una mujer

Agosto 16, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

El 16 de mayo de 1997, Diomedes Díaz asesinó a Doris Adriana Niño, después de tener una noche amorosa y de rumba con ella. La semana anterior el ‘Bolillo’ Gómez con unos tragos en la cabeza, agredió a su compañera de diversión, dándole puños, según parece, por lo que ella le decía. Entre ambos acontecimientos han transcurrido 14 años, pero en medio de estos dos hechos, se han sucedido millares de actos de agresión y violencia contra las mujeres que sólo ahora pareciera que han producido una reacción sentida. Es innegable que el poder de las redes sociales y la rabia femenina contenida, han contribuido a este unánime reclamo social. Afortunadamente. Personajes reconocidos, hombres del montón u hombres con poder u hombres con dinero, esposos, amantes, amigos, padres, hermanos, familiares, el perfil es inmenso con una característica común a todos: la agresión no es para una desconocida, sino (supuestamente) para la mujer que aman, o para la madre de sus hijos, o la mujer que de alguna manera está compartiendo su vida con ellos. Las cifras de violencia son espeluznantes y pareciera que no mejoran: por el contrario, la pasividad social, la aceptación de uno y otro y otro hecho como si fueran ‘naturales’ ha generado una complicidad social en el imaginario colectivo como si fuera justificado que los hombres asuman ese comportamiento. Le fue infiel, lo desafió, se burló de él, es jodona, le puso los cachos, abandonó a sus hijos, era una manipuladora, es una fiera… las justificaciones son infinitas creando (lógico) una aceptación tácita de que ‘tenía razón’ al hacerlo. Y es allí donde está el quid del asunto.Nuestra sociedad y nuestros hombres se han acostumbrado a mirar como ‘normal’ esta conducta. Si hay una razón para hacerlo entonces… En la información que se transmite frente al hecho, jueces, periodistas, familiares, público, necesitan encontrar casi que compulsivamente la justificación del comportamiento femenino, para eximir de responsabilidad al hombre. “¿Vio?, tenía razón para hacerlo”. Y entonces la complicidad empieza a hacer de las suyas. Por lo tanto, como la sociedad ‘no ha aprendido’ (¿alguien lo duda?), como no está interiorizado en el imaginario colectivo la gravedad del comportamiento masculino, es necesario empezar a crear conciencia. Un personaje público como ‘Bolillo’, desde lo que hace y lo que representa, debe tener una sanción moral ejemplarizante que ayude a despertar de esta complicidad soterrada. Los hombres no lo pueden eximir de su falta. Y menos aún en el masculino mundo del fútbol. Ni dirigentes ni futbolistas pueden arropar a su congénere porque para ellos son más importante “las patadas a un balón” que las patadas a una mujer.Hay que señalar y hay que aprender. Se comenta que intentan ‘enfriar’ el asunto hasta que se nos pase la rabia. No podemos dejar calmar el dolor y la solidaridad. Así como existen los indignados sociales, deben existir ‘las indignadas femeninas’. Los hombres no pueden seguir justificándose. Todos tenemos ambas energías. La masculina (independiente del cuerpo que la contiene) es la que ha gobernado al mundo. Es la energía de la rabia, de la violencia, de la individualidad, de la competencia, del dominio, del poder. Es hora de feminizar al mundo: la tolerancia, el respeto por la diferencia (en cualquier ámbito humano), lo colectivo, lo intuitivo, la solidaridad, éstas son las condiciones femeninas de las que debemos impregnar nuestro tiempo. ¡Comencemos!

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