Papi, lo voy a hacer como tú

Agosto 07, 2017 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Ya que metimos a los niños (qué coincidencia, todas mujeres: ¿abuso, evolución?) en este asunto de la libertad de expresión, la hija de Paloma Valencia y las hijas de Daniel Samper Ospina, pues entonces expliquémosles en detalle cómo es que se hace. Digámosles cómo manejamos la doble moral. Cómo hacemos para cuadrar un círculo, cómo lo que los otros hacen es negativo pero lo nuestro, con las buenas intenciones, es bueno y aceptable. Definitivamente me encantaría que me pudieran explicar a mí, adulta, cómo encajan las respuestas en un embudo donde lo ancho es para mí, pero lo estrecho es para los demás.

Daniel Samper Ospina le contesta a Vicky Dávila lo difícil que fue explicarles a sus hijas la acusación del expresidente Uribe como “violador de niños”. Sin embargo, nadie ripostó preguntándole cómo haría entonces para explicarle a sus pequeñas cómo él se burla de los famosos, les pone sobrenombres, destaca sus defectos o los ridiculiza, sin que pase nada. Lo que hizo Álvaro Uribe no es aceptable y su agresora rectificación es un ‘canto a la bandera’. Pero, eso no absuelve la responsabilidad de Samper Ospina y “los grandes” de revisar qué permiso tienen ellos para agredir verbalmente a los demás sin que los otros los cuestionen o los censuren. Aun mas, ¿qué esperan que hagan los niños de hoy si desean imitarlos? La carta de los periodistas y columnistas “Por el respeto” no es equitativa y de carambola, no es una lección acertada de periodismo para las nuevas generaciones. La parcialidad y solidaridad de gremio fue demasiado evidente y dejó un mal sabor en la opinión pública que espera, al menos, un equilibrio en los medios de comunicación.

Si una de estas chiquitas, hijas de Samper, dice “lo voy a hacer como tú, papi”, ¿qué se les responde? En un diálogo imaginario, Guadalupe, podría tener esta conversación con su padre. “A mi compañera de pupitre Clotilde, le voy a decir que es igual a la marranita Peggy, que su gordos de la barriga son como las llantas del carro en que su papá la trae todos los días. Ja, ja. Pero la profesora que usa bastón y tiene anteojos grandísimos, no podrá decirme nada cuando yo le diga “tres patas con anteojos de botella”. Ja, ja. Lo voy a hacer como tú, papi, quiero tener tu profesión, ser como tú, burlarme de la gente. A ti te ha ido bien”.

No puedo entender cómo a los niños y niñas les exigimos conductas que de adultos no practicamos. Más doble moral imposible. Más abuso del mundo infantil imposible, de niño no debes mentir, no debes ‘matonear’ a tus compañeros, no puedes robar. Cuando seas grande éstas reglas se vuelven carreta. Podrás robar, mentir y burlarte de los demás, porque éstas actitudes generan fama, poder y dinero. Así John Ding, profesor de periodismo de la Universidad de Columbia exprese que “es un derecho vital poder burlarse de los más poderosos”, no es el oficio, ni el rol, ni el dinero, los que dan licencia o eximen de irrespetar a las personas. Ni tampoco el criterio de un intelectual. Si el mundo no es coherente, no podremos sorprendernos de que nos sigamos matando a nombre de lo que creemos. No podremos sorprendernos de que las nuevas generaciones atropellen sin medir las consecuencias de sus actos. Total, el modelo de sus mayores es su mejor escuela. ¿O usted cómo lo explicaría?

Sigue en Twitter @revolturas

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