Otra vez la Iglesia…

Otra vez la Iglesia…

Julio 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

De corazón, me duelen sus conceptos. Me impacta su oscurantismo. No logro entender cómo se creen lo que dicen. Y más aún, cómo logran construir explicaciones con tantísimas contradicciones. Los creo bien intencionados, imposible pensar lo contrario. Pero ¿por qué tienen tanto miedo? ¿En cuál Dios se amparan para seguir repitiendo conceptos tan desubicados y obsoletos? ¿Cuál es ‘su’ Dios para transmitirlo perseguidor, cobrador, señalador, justiciero? ¿Cómo logran creerse dueños de Él para considerar que “a su nombre” pueden clasificar a los seres humanos en buenos o malos, aptos o ineptos, capaces o incapaces? ¿En su fuero interior no existe una gota de contradicción o ambivalencia? Monseñor Rubén Salazar dice que “un cura gay que no es casto no puede ejercer”. Pregunto, ¿no siente en lo que expresa ni un ápice de discriminación? Él explica que si desde el seminario “detectan” que un seminarista es gay no le permiten seguir su preparación juzgando que todos los gay son promiscuos y por el contrario consideran que los heterosexuales sí son castos. ¿Realmente sí se lo cree Monseñor? ¿Es la ‘clasificación’ homo o hetero lo que asegura el futuro ‘casto’ del sacerdote? Más de lo mismo: “Estamos convencidos de que los homosexuales tienen derecho a ‘algunas’ (las comillas son mías) cosas”. ¿A cuáles cosas: a las que la Iglesia dé permiso, a las que su Dios ‘juzgador y discriminador’ autorice? Difícil construir declaraciones más contradictorias e inhumanas. ¿Cómo hacen para hacerlas sin ni siquiera ruborizarse? Para rematar, monseñor Salazar considera que los homosexuales no pueden ser buenos padres o madres. Argumenta: “Sería reconocer que cualquiera tiene derecho sobre un niño, a adoptarlo y darle un hogar”. A ver, Monseñor, con la mano en el corazón (aun cuando revolvió peras con manzanas), ¿cree que al decidir entre que un niño esté en la calle o que ese mismo niño sea criado por una persona de buen corazón, (hombre o mujer, soltera o casada o viuda, hetero u homo, rica o pobre) es mejor la calle que la cercanía con un ser a quien le importe y con el cual construya vincularidad? ¿O la calle sigue siendo mejor que ser educado por una pareja (hetero u homo, de abuela e hija, dos hermanos, dos hermanas)? Entonces, ¿dos hermanos juntos no pueden educar a sus hijos porque para la Iglesia ‘esa’ no es familia…? ¿De qué Dios hablan? ¿A cuál Dios invocan?El tema no se sustenta con estudios científicos porque Monseñor acepta como válidos los que están a favor de su teoría, pero anula los que van en su contra. Una manera indirecta de reconocer cómo la ciencia queda ‘marcada’ por la impronta del observador, cualquiera que éste sea. Pero no, no se necesita ciencia: basta con sentido común, con ‘leer’ la historia que nos rodea para concluir si todas las parejas heterosexuales ‘educan’ hijos heterosexuales. De acuerdo a la Iglesia, ¿dónde se habrán educado los actuales homosexuales si todavía no permiten la adopción por parejas homosexuales? La Iglesia está en la ‘obligación’ moral de dilucidar este enigma para el futuro de la humanidad. Debe contestarnos también ¿cómo se apoderó de Dios y por qué los seres humanos no podemos llegar a Él sin necesidad de una institución humana llena de errores y contradicciones? El Dios de los que no practicamos religión es un Dios compasivo y amoroso con una filosofía básica expresada desde todos los lugares y en todos los tiempos: “no hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti”.

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