No más Uribe

Junio 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

La sensación es de tranquilidad. Una oleada de paz, de descanso, no más desgaste defendiendo conceptos, tratando de concientizar sobre los inmensos problemas del caudillismo, de intentar mostrar cómo nuestros dirigentes también tienen problemas mentales que llevan al traste cualquier programación. No más el ‘todo vale’ para perpetuarse en el poder no solo 8 sino 12 o 16 años. ¡No más! No más títeres manejados por un hombre enfermo, que no perdona la pérdida del poder. Sí, es como una liberación, como cuando se siente que se puede ‘bajar la guardia’ porque el peligro terminó. De pronto percibimos que Colombia si quiere apostarle a una nueva concepción de país, quiere una nación donde todos podamos sentarnos en la misma mesa. Es hora de construir y dejar a un lado el revanchismo, la retaliación. No más ‘cobros’, no más venganzas, no más espejos retrovisores, no más odios, no más veneno. No más caudillos. Es un nuevo país donde todos intentamos remar para el mismo lado.Porque es obvio que terminó una época en Colombia. Uribe no ha desaparecido (ni desaparecerá) pero ya hay manera de contrarrestar su influencia. Hizo muchísimo por el país pero su patológica ansia de poder llevó al traste con lo bueno que pudo construir. Hoy, es el comienzo del final de la era Uribe. Hoy probamos que el expresidente puede ser derrotado, que sus ideas patriarcales y anquilosadas pueden cambiarse, que hay hombres o mujeres que pueden contrarrestar su influencia y eso es sano para Colombia. Nuestros vecinos y tantas naciones que ‘necesitan’ papás-caudillos son muestra de cómo los pueblos se estancan, se adhieren con terror a lo establecido (bueno o malo) y cómo el miedo a innovar, a cambiar, los paraliza. La necesidad de papá-caudillo es una prueba de infantilismo, una necesidad de que otros ‘decidan’ por nosotros, de aferrarnos a la respuesta del ‘mayor’ para no asumir la responsabilidad de construir nuestra propia vida. Pero Colombia mostró que quiere ‘caminar’ diferente, así por momentos ‘trastabillemos’ en ese sendero de la paz. Colombia ‘ha crecido’ y puede que no tenga la madurez de un adulto pero ya vislumbra la necesidad de construir, cual adolescente, su propio rumbo. Aprendiendo, equivocándose, pero con el deseo de construir sin necesidad de conductas patriarcales. Necesitamos dirección pero no papás-caudillos. Las diferencias se necesitan para construir sociedades dinámicas. Pero derrotar el odio, esa ira desmesurada porque no se está de acuerdo con nuestro pensamiento, es importante trabajar para conseguirlo. Es el nacimiento de un nuevo país, de una nueva manera de mirar, de esperar el futuro siendo conscientes de que es una construcción colectiva.Además, estas elecciones fueron un plebiscito por la paz y la mayoría en Colombia, sí quiere un país en paz. Hay que hacerle concesiones al proceso, hay que aprender a perder y ganar. La vieja escuela caudillista y patriarcal de ‘aplastar’ al contrincante no cabe en este momento. Como muy bien decía Maurice Armitage (dos veces secuestrado) qué tanta responsabilidad nos cabe a todos en la decisión que tomaron tantos compatriotas de optar por el camino de la guerrilla creyendo que ‘esa’ era la forma de sobrevivir en un país que les negó las oportunidades sanas de salir adelante. Señalar buenos y malos es tan fácil, pero construir el término medio donde la responsabilidad es compartida, he allí lo complicado. Pero la mayoría demostró que quiere un futuro diferente y eso es lo significativo.No me alegro pero me da tranquilidad saber que se termina una era, es el final de un poder oscuro y sombrío y aun cuando no va a ser fácil, el futuro se vislumbra con ilusión y esperanza. Por ahora es suficiente.

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