No, Claudia…

No, Claudia…

Enero 22, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Se le enredó el mensaje a Claudia Morales, reconocida periodista, en su última columna de ‘El Espectador’. Y se le enredó porque de pronto la intención fue una y el resultado otro. Escribió su artículo informando cómo, hace un tiempo, fue violada por su jefe en el hotel donde se hospedaban. En Psicoanálisis existe una palabra (y claro un concepto) que tiene un significado muy diferente al que se maneja popularmente. Cuando se habla de conducta perversa el sentir ‘popular’ es el de una persona mala, depravada en sus costumbres y que disfruta con su comportamiento maldadoso. En Psicoanálisis el significado es diferente: perverso es el que confunde. ‘Si, pero no’ podría ser la definición más elemental del concepto.

Pues bien, Claudia terminó escribiendo una columna perversa. Sí, pero no. Anuncia que ella fue violada por uno de los tantos (o poquitos) jefes de periodismo que ha tenido, quiere manifestar su inconformidad, pero no revela su nombre. Lo llama perversamente “Él”. Un manto de duda para todos sus anteriores jefes. Podría ser cualquiera… Además, lo más delicado, lo anuncia, lo vomita públicamente (por lo tanto está expuesta a toda clase de interpretaciones) pero sigue ‘cuidando’ a su violador. No revela su nombre. Lo protege o se protege de él. ¿Le tiene miedo? Obvio que sí. Pero el resultado es nefasto. Este hombre se debe estar riendo del poder que aún tiene sobre ella, de la capacidad de sometimiento que aún le produce. Hasta qué punto es capaz de paralizarla, de congelarla en su dolor. No puede enfrentar esa verdad, sólo a medias, como quien desea producir pesar o conmiseración. ‘Pobrecita’, pero no puede enfrentar como mujer adulta la realidad del hecho. Es una verdad a medias y a veces destapar un acontecimiento como este, sin llegar hasta las últimas consecuencias, lastima más que el silencio o la verdad completa.

Es un mal precedente para muchas mujeres. Se calla porque hay miedo. O porque hay vergüenza. O porque voy a ser juzgada. El poder patriarcal todavía haciendo de las suyas. Pero denunciado el pecado, el pecador debe ir allí mismo, en el mismo contexto, en la misma línea. El efecto de esta denuncia es completamente negativo, como “escupir para arriba”. Sobre todo, imagine la satisfacción del hombre… El placer que le debe producir el poder que aún le genera a la periodista. El tiempo ha transcurrido pero ni su miedo, ni su sometimiento, han cambiado. Y “Él” sigue siendo el rey, poderoso, prepotente, abusivo. ¿A cuántas más se lo hizo? ¿A cuántas más se lo seguirá haciendo?

A raíz del movimiento generado por el despertar de las mujeres que han sufrido abuso y acoso sexuales, se dan múltiples lecturas. Existen dos tendencias principales. Las que despertaron, quieren reivindicarse y esperan que al menos exista una condena moral para los abusadores. En el otro bando, aquellas con Catherine Denueve a la cabeza que consideran “excesivo” el berrinche. Marcan diferencia entre coquetería, seducción y abuso: no es lo mismo. Para ellas aquí en esta pataleta hay exageración. No se busca que todos estemos de acuerdo ni más faltaba. Cada quien puede interpretar desde su sentir lo que considere relevante. Pero es obvio que una actitud como la de Claudia ‘devuelve’ el poder al mundo de los violadores.

Sigue en Twitter @revolturas

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