¿Niños ‘congelados’?

Noviembre 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Imposible pretender que el mundo evolucione, que el devenir de la sociedad sea continuo, que el desarrollo sea un eterno movimiento pero que exista un sector, un solo sector, que se quede congelado. Imposible soñar que los cambios sean sólo favorables para lo que nos gusta pero que en lo demás se quede estático. El cambio es un proceso que no se puede detener. Por ejemplo, hemos deseado casi con obsesión que el mundo de la mujer sea diferente, que ella “exista” para la cultura, para los pueblos, para la ciencia. Deseamos de corazón (y por necesidad) que la mujer tenga palabra, tenga criterio, tenga poder. Que deje al lado la dependencia y la sumisión y se pueda sentir autónoma, íntegra, capaz.Posiblemente sea el reducto donde menos esperábamos que se sucedieran modificaciones. Pero ¿cómo esperar que una nueva mujer no engendre y forme un nuevo niño? ¿Cómo pretender que una nueva cultura no genere una nueva infancia? Nuestros niños son diferentes, están en una onda completamente renovada (para bien o para mal) y anhelar el niño o la niña del siglo pasada es una utopía. Mas bien sería un acto nostálgico (al que tengo derecho) pero totalmente desarticulado de la realidad. Los niños y las niñas de hoy van más acelerados, sus mundos cambian con mayor rapidez y hasta la biología es implacable. La menstruación les está llegando a las niñas alrededor de los 10, 11 años para advertir que la preadolescencia está cercana a los 10 años. Entonces es necesario precisar que la infancia se está terminando alrededor de los 8 años. ¿Mejor o peor? Argumentos de lado y lado que pondrán llevarnos a discusiones interminables. La realidad, la fotografía de hoy, es que la infancia también cambió. ¿Llegará la humanidad “a quedarse” sin infancia? Miles de posibilidades. Pero si así llegara a suceder, el mundo se adaptaría a ese cambio y viviría de acuerdo a esa realidad. Cada vez es más claro que la velocidad de las modificaciones no se puede detener y quién lo creyera, lo que más impacta es la rigidez de la mentalidad que no acepta el devenir de la vida. Para los que nacieron ahora o hace poco “es totalmente natural” lo que sucede. Sin espejo retrovisor no tienen cómo comparar y sólo miran para adelante…Los que se conmueven son aquellos que comparan y anhelan el pasado. Pero nunca nada será como antes. Un nuevo mundo, una nueva concepción de pareja, de familia. La tecnología bombardeándolo todo, el mundo en ebullición –buena y mala- las religiones cuestionadas, la ciencia en revisión, los papás manipuladores, las políticas generando protestas ante su falta de justicia y desigualdad y… los niños ¿iguales? ¿estáticos? ¿congelados?Esta nueva mujer, esta nueva familia, está engendrando un niño o niña diferentes. ¿Cuántas veces se comentan “las genialidades” de los niños de hoy? No sólo es el candor de padres o abuelos sino una realidad que a diario se desborda. Más libres, más espontáneos, con más información, más “estimulados” ¿cómo esperar que sean iguales a los de hace 50 años? A un niño o una niña se los puede manipular para que “actúen” en determinado escenario. Pero no se pueden desconocer las condiciones innatas que les brotan por todos los poros. Preguntan, cuestionan, son “igualados”, retadores, desafiantes. Lo que sucede en un escenario como La Voz Kids no es, no puede ser considerado “un desastre”. Allí aprenden a desempeñarse en un mundo real, donde hay competencia, preferencias, estímulos, rivalidades, talentos, tristezas, alegrías, solidaridad, compañerismo. No es fantasía. Es la realidad, la que todos enfrentamos y que deben aprender a manejar. La añoranza del “niño antiguo” es una nostalgia válida, pero no deja de ser eso, una añoranza como tantas otras a las que debemos renunciar. Hay que quebrar el espejo retrovisor y mirar para adelante. “C’est la vie”.

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