Motel ‘mamá’

Enero 24, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

No existe rama del comportamiento humano donde se reúnan más la mentira y la doble moral como en el terreno de la sexualidad. Y los que tienen más dificultad en el ‘acondicionamiento’ (lógico) no son las nuevas generaciones, sino los adultos, los padres y madres que se resisten a aceptar los hechos de hoy, porque esperan utópicamente, que el mundo continúe como ellos quisieran. O como a ellos los educaron. Pero por más que se quiera detener el proceso, el cambio es imparable. Golpea, atropella, arrincona, cuando no existe una disposición abierta a aceptar el devenir de los acontecimientos. Y de las ideas. Y de las creencias.Los muchachos y muchachas no llegan vírgenes al matrimonio. (Si es que en el ‘computador’ de ellos existe el programa matrimonio). Son estudiantes que dependen económicamente y, por lo general, si trabajan tienen que suplir muchas necesidades ‘primarias’. ¿Existirán acaso un papá o mamá que presupuesten en la mesada el rubro ‘motel’? Un universitario o universitaria, ¿tendrá plata para pagarlo? ¿Un estudiante de colegio? ¿Cuál es la edad para ‘iniciar’ el contacto sexual? ¿Dónde, entonces, tienen relaciones estas nuevas generaciones tan dependientes en lo externo pero tan autónomas en el manejo de sus emociones? ¿En qué ‘vacaloca’ los estamos metiendo: sí a su autonomía y no a la expresión de la sexualidad? ¿Cómo es el cuento?¿Cuál es el lugar y el espacio para el desarrollo de su sexualidad: a la carrera, en la casa atentos a la llegada de los papás, mientras experimentan el deseo, se colocan el condón, escuchan sus emociones y las de la pareja, tratan de ser tiernos y complacientes y “terminan rápido” porque sino los cogen? ¿Se imagina usted la ‘faena’? ¿O sino, en el carro, exponiéndose a miles de incomodidades, la palanca, la silla, ojo con la Policía, los ladrones (si es en la calle) o los vecinos si es en el parqueadero? ¿O en la finca (propia o de los amigos) como el único lugar del encuentro, exponiéndose a que sea ‘en patota’ porque no existen más oportunidades? ¿Será este un encuentro o un desencuentro? No sé cómo pueda catalogarse la ‘experiencia’. El hecho así vivido no tiene nada de gratificante, por el contrario, la construcción de la expresión de su deseo es confusa, lo que puede afectar su desarrollo y placer sexual presentes y futuros.Entonces, no queda sino el motel ‘mamá’. Y aquí sí fue Troya. La rigidez mental de los padres impide afrontar la realidad de las nuevas generaciones. “En mi casa no”, puede ser la expresión obsesiva de unos y otras. Pero si no es allí, entonces, ¿dónde? El problema viene de nuestras creencias, de aquello que la cultura moralista transmitió sobre la sexualidad. Imaginar que nuestros seres queridos ‘practican sexo’ es a veces un pensamiento incómodo que se prefiere desechar. Pero el que lo evadamos no significa que no se dé. Los muchachos y muchachas deberían poder llevar a sus parejas eventualmente a sus casas, porque la sexualidad no es un vicio que se debe repeler. Tener hijos no sólo es mandar y controlar: el mundo de ellos también debe permear las creencias de los padres y la flexibilidad es necesaria para la convivencia. Educar en sexualidad no se limita a hablarles de pene y vagina. Respeto por su deseo, aceptar la expresión de su afecto, también son formas de educación sexual. Esconder la cabeza y gritar “todavía no es tiempo” expresa más miedo y moralismo que madurez. Llegó la hora de ventilar el tema. ¿Usted qué opina?

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