Militares, ¿cómo los forman?

Militares, ¿cómo los forman?

Noviembre 09, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Se puede conocer el límite? ¿Es fácil identificar lo que es bueno y lo que es malo? ¿En un instante, de acuerdo a las circunstancias, se ‘mueve’ un interruptor interno y ya lo que antes era negro se vuelve blanco y viceversa? ¿En dónde quedan registradas las emociones? ¿Se quedan ‘pegadas’ acaso al momento anterior y no logran ‘brincar’ a la nueva situación? Surgen miles de inquietudes frente a la formación de los militares y sus ‘actuaciones’ en el desarrollo de lo cotidiano. Educados para la guerra, preocupa saber si logran diferenciar cuándo ‘no es guerra’. Una esposa ‘supuestamente’ infiel, una niña que se niega a sus caprichos, un hombre que ‘no encaje’ en su concepto de honesto, un allanamiento donde no obtienen las respuestas ‘esperadas’, ¿qué pasa con sus reacciones frente a la vida corriente? Al igual de lo que sucede con las conductas de algunos jerarcas de la Iglesia, pareciera que hubiese instituciones intocables porque ‘hacen el bien’, nos defienden, nos cuidan, nos enseñan y, por lo tanto, ‘a nadie’ agradecido se le ocurriría ponerlas en duda. Sólo que, si algo positivo tiene el modernismo, es poder quitarle el velo a las supuestas perfecciones y cuestionarlas para bien de todos. Hasta de las mismas instituciones...Los militares se educan para la guerra. Para defender y defenderse. Por lo tanto también para atacar. Sus corazones deben ser de acero para evitar ‘doblegarse’ ante el enemigo. No pueden tener emociones cercanas a la ternura, al dolor, a la compasión. No, la guerra no permite esta clase de ‘sensiblerías’. La rigidez y disciplina de su entrenamiento no los hace conocer el término medio: en su mundo no existen grises: blanco o negro, las conductas son extremas.Me ha impresionado -sobremanera- la rabia del coronel Plazas ante el juicio por los desaparecidos del Palacio de Justicia: si esto es en sano juicio, ¿qué significaría llevarle la contraria en el campo militar? Aún desde la pantalla de un televisor, infunde miedo. ¿Cómo sería en vivo y en directo? Luego, la frialdad del comandante de la Policía del Tolima y la forma como mató a su esposa: si los educaron para no tener entrañas, están muy pero muy bien formados. Una cara inexpresiva sin un ápice de remordimiento. La sevicia, premeditación y locura con que lo hizo. No sólo fue el impulso: allí estuvo todo el cálculo posible para realizar el crimen ‘bien hecho’ porque su mujer le pertenecía y su conducta se salía del libreto. Otra vez pregunto, ¿no hay forma de realizar estudios psicológicos a determinadas instancias de poder? Allí también están los militares que podían matar en el terreno de los falsos positivos para ‘acumular’ puntos en sus procesos de ascenso y reconocimiento. ¿Qué es la vida para el fuero militar? ¿Hay vida aceptable y vida desechable? Y ahora el hombre que violó a la niña y luego mató a sus hermanos. ¿De qué está hecho? Son hombres que podrían catalogarse como enfermos mentales, esquizofrénicos, que no diferencian cuando ‘allí no hay guerra’ sino posiblemente la negativa de una niña de no acceder a sus caprichos. La guerra se traslada a su fuero interior y viene el desquiciamiento en toda su magnitud. La guerra es no dejarse, no perder el objetivo por encima de cualquier impedimento. Me pregunto si la diferencia entre un militar y un guerrillero es tan sólo las instancias que vigilan al primero y que impiden que se comporte como el segundo. Pero en rabia, agresión, abuso, ¿cuál es la diferencia? Ambos se entrenan para la guerra...

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