¡Me robaron mi carro!

Mayo 29, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gloria H.

Escenario: frente a la Iglesia del Templete, 6:20 de la tarde del miércoles 24 de mayo, horas antes del inicio del controvertido partido Cali América. No era fácil parquear puesto que la avalancha de vehículos hacía casi imposible encontrar un espacio libre. Pero, había que hacer hasta lo imposible. La misa ya había comenzado, era tarde y la necesidad de acompañar a una familia muy querida, motivaron a correr los riesgos ‘normales’ de dejar un vehículo en la calle. Bueno, el escenario no se veía tan mal. La panadería de la esquina frente a la casa cural, con clientes tomando café y el señor del trapo rojo “yo se lo cuido”, hicieron el resto.

20 minutos después estoy de vuelta y el carro ¡no está! Sólo 20 minutos. El señor de trapo rojo con respuestas incoherentes “yo me fui, yo creía…” no podían ser elementos para tener en cuenta. Un ángel con nombre de mujer, amiga y doctora, vio mi desespero, se bajó de su vehículo, compró agua y buscó a la Policía media cuadra más adelante. Mientras, aviso a la familia y en un segundo las redes empiezan a funcionar. Pero también la Policía. A los 10 minutos cuatro motos con agentes estaban preguntando datos (marca del vehículo, placas, cédula, datos de rigor) y explicaciones: lugar, hora, situación. Dirigidos por el teniente Flórez de la Estación de El Lido los agentes del cuadrante 4 se ponen a la tarea de la búsqueda del vehículo.

Aquí no funcionó “usted no sabe quien soy yo” frente al grupo de la Policía que estuvo manejando el hecho. Nunca dije que era periodista. Atendían un caso de robo de vehículo de una señora impactada, con el desconcierto que produce salir a la calle y no encontrarlo. “Fue aquí, o sería mas allá, dónde es”, hasta que constatas que no está. 40 minutos después me avisaron “lo encontramos”. La constancia de la foto con las placas y acompáñenos a recogerlo. Muy cerca, en la llamada ‘calle del bombón’, calle mocha, oscura, donde no hay circulación, cerca de las antiguas instalaciones de la Autónoma. Allí estaba casi escondido detrás de otros más grandes, en una oscuridad total. Los agentes explicaban después que el ‘modus operandi’ es robarlo y movilizarlo a un lugar cercano, donde se oculta y ‘desaparece’ de circulación, lo dejan quieto, mientras pasa el impacto de la búsqueda. Dos o tres horas después terminan de llevárselo y consumado el hecho.

Somos expertos en señalar y dimensionar lo negativo. Hoy, sin embargo, quiero destacar la amabilidad, colaboración y trato de estos agentes de la Policía, en especial Guillermo Suárez intendente y Jonathan Sánchez patrullero, al igual que todo el grupo dirigido por el teniente Flórez del cuadrante 4 de la Estación de El Lido. Fueron respetuosos, colaboradores y ¡eficientes! No siempre se podrá obtener un resultado favorable pero significa que la gran mayoría de nuestros policías sí cumplen con su tarea. Y aun cuando suene muy presuntuoso explicarlo en este caso, soy una convencida de las vibraciones de la energía. Yo confié, yo creí y allí está el resultado. Quienes creen (con todo su derecho), que esto es un infierno tarde que temprano terminan viviendo en el infierno. Pero no tanto exterior como sí de su propia amargura. Todas las experiencias agradables o dolorosas son aprendizajes. ¡A eso vinimos! Gracias a todos los que colaboraron.

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