Me miró feo

Me miró feo

Febrero 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

La mirada es una de las funciones del cuerpo que merece más atención y estudio. No me refiero a los ojos sino a la mirada, que no es lo mismo. La mirada es la síntesis que transmite lo que guarda un ser humano. Los ojos pueden ser feos, bonitos, grandes, verdes, negros, en fin. Son, por decirlo de alguna manera, objetos físicos. Están allí y los oftalmólogos pueden estudiarlos: es su campo de acción. Pero la mirada no pertenece a los oftalmólogos, porque es producto de lo que existe ‘adentro’ y, por lo tanto, es un gran interrogante para muchas otras disciplinas. Porque no sólo se mira con los ojos: la mirada esconde emociones y sentimientos que se transmiten a través de una energía misteriosa que emana desde ellos.En Bogotá dos hombres, hijos de miembros de las Fuerzas Armadas, se agredieron, se pelearon y uno mató al otro porque ‘se miraron feo’. Allí empezó la pelea, por una mirada. Y el que una mirada se perciba tan agresiva hasta llegar a matar, es, definitivamente, un problema de salud mental. Nuestra cultura del ‘no se deje’ está haciendo de las suyas. Es una cultura que alimenta los egos, que se nutre de la mentalidad patriarcal, que no sabe perder, que tiene que vivir demostrando quién es el más fuerte, el más capaz, el más inteligente. La cultura del ‘no se deje’ es competitiva, autoritaria, descalificadora, prepotente. Es una cultura camorrera que necesita vivir demostrando quién es el que manda. La cultura del ‘no se deje’ no conoce de conciliación, de respeto por la diferencia, de procesos de construcción. Una mirada ‘fea’ es un disparador para el machista que necesita demarcar territorio y demostrar su poderío.Fue en Bogotá, pero también Cúcuta: dos socios de un distinguido club social se agredieron por una toalla y uno terminó matando al otro. Ni manera de decir que son personas ignorantes, sin estudio. A nombre del machismo más primario, los hombres se matan con ‘una facilidad’ pasmosa. Y tengo que decir los hombres, porque las mujeres no parecen vivir armadas, prestas a disparar cuando algo no cuadre en su mundo. ¿Qué tanto, otra vez, el mundo patriarcal no acepta perder el control?La cultura del ‘no se deje’ alimenta gran parte de nuestro estado de ánimo nacional. Pueden perderse el sentido de las proporciones, la dimensión de los hechos, las situaciones reales, todo puede obnubilarse porque lo importante es ‘no dejarse’. Ganar. Hacer demostraciones de fuerza y de poder. ¿Qué pasa después? ¿Qué viene luego? ¿Acaso importa? Lo significativo es salir triunfante, así el reguero de cadáveres tapice el camino. Pero “no me dejé”. Demostré que sí podía. Dos egos, entonces, desafiados, igualados (¿si uno es tan loco, por qué se le iguala el otro?) haciendo gala de suficiencia, de machismo, de poderío. El ego, aquel yo, inflado por la cultura del poder, del éxito, de la competitividad, que necesita brillar y ser reconocido. El ego masculino cuando no sabe perder, ni conciliar, ni deponer la agresividad. ¿Cómo educar niños cuando sus padres o mayores se alimentan de esta rabia y la transmiten como paradigma del comportamiento? ¿Le ha dicho acaso a sus hijos “no se deje, no sea bobo”? Ceder, no engarzarse, pasar por alto, conciliar, no parece que fueran términos para vivenciar en nuestro medio. Y no es problema de falta de educación. Son los ‘instruidos’ los que se están matando, por no dejarse, porque “me miraron feo”. Sólo una última inquietud, ¿qué tanto Álvaro Uribe puede influir en la cultura del ‘no se deje’?

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