Los millones de Messi

Los millones de Messi

Marzo 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Tiene una persona derecho, independiente de su talento, de que se lo merezca o de que se lo gane en una rifa, a acumular en sus arcas semejante cantidad de dinero? ¿Es ecológicamente correcto que existan contratos de deportistas, artistas o ejecutivos, en esos niveles de desproporción, mientras existen personas que se mueren de hambre aún en su misma ciudad? ¿No se sentirá un poco de vergüenza andar raudo en un carro de millones de euros, mientras la gente hurga comida en tarros de basura? En España, según denunciaba Arcadi Oliveira, existen miles de ‘pisos’ desocupados (abandonados) mientras la gente duerme en los parques, en los carros, o apiñadas en lugares inmundos. Las ‘leyes sociales’ no permiten la equidad: ellas buscan ser justas (quien tiene dinero y puede pagar, tiene su piso), pero no son equitativas puesto que no se distribuye proporcionalmente. Equidad significa dar a cada quien lo que corresponde, ojo, no es ‘lo que le corresponde’ como ente productivo sino ‘lo que corresponde’ como ser humano. La equidad y la justicia no siempre van de la mano. La justicia no siempre es equitativa y me quedan dudas si la equidad siempre es justa...No, ellos, los multimillonarios, no son los ‘responsables’ de la desigualdad, pero definitivamente sí están contribuyendo a ella. Allí tienen una responsabilidad social y por lo tanto tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Debería existir un límite: humano, ecológico, espiritual, sagrado, equitativo. Un límite que haga reaccionar al ser humano y lo conecte con su compromiso social. Los vínculos no son tan sólo con la familia. El planeta nos corresponde a todos y cada vez son más sinónimos los conceptos de ecología y espiritualidad. Lo que es ecológicamente correcto es espiritualmente correcto. Porque tanto una como la otra mirada tiene como visión principal el respeto por lo ‘externo’ así como el sentido de unidad con todo lo que nos rodea. Aquí la ecología y la espiritualidad se unen, son una sola.El mundo material no puede tener estas desproporciones y seguir impávido. Comunitariamente sueldos de esas dimensiones son agresivos, generadores de injusticias, creadores de mitos y fantasías que lastiman a miles de seres humanos. La responsabilidad social es de todos. Una cartera de US$15.000 o dormir en un hotel una noche por US$7.000, es una bofetada que se le da a miles de seres humanos que pueden marearse con las cifras, ‘enloquecer’ por alcanzarlas o llenarse de desencanto y sinsentido por lo que valen sus vidas en comparación con las de otros. A veces desmanes sin sentido de seres humanos desesperados, o actos absurdos de violencia, pueden conectarse con situaciones globales donde la desproporción golpea como una cachetada. Lo social es una responsabilidad sagrada. Si es imposible comerse una hamburguesa al frente de una mirada que suplica ‘¿me da un poquito?’, ¿cuál es la proporción de las vidas de quienes agreden con los derroches de cifras desproporcionadas? Lo anterior no quiere significar que los seres humanos no merezcan disfrutar de comodidades materiales merecidas, o que no se pueda tener una buena calidad de vida material. Pero lo que es socialmente incorrecto es la desproporción. Messi es ídolo de cientos de muchachos que llenan los estadios y que ‘comparan’ sus vidas con las de sus héroes. ¿Qué tan cerca o tan lejos están de alcanzarlos? ¿Cuál es el sentido de una vida de muchacho de barriada frente a la vida del deportista millonario? ¿Para qué vivimos? ¿Para qué nacemos?

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