Lo normal

Mayo 22, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gloria H.

Creo que no existe en el lenguaje diario expresión tan simple pero a la vez tan agresiva como la palabra ‘normal’. ¿Qué es lo normal? ¿Quiénes son normales? ¿Lo que no encuadra en lo normal se califica como ‘anormal’? ¿Usted es una persona normal? ¿Cuántas veces se utiliza la expresión ‘normal’ para explicar actuaciones? Pues bien, esa expresión ‘normal’ (con todas sus implicaciones), muy posiblemente sea la causante de la mayor discriminación y exclusión contra los seres humanos. Lo ‘normal’ puede convertirse en un arma absolutamente discriminatoria contra la integridad de una persona. Mafalda, la célebre filósofa argentina, dijo “una vez intenté ser normal. Fueron los peores cinco segundos de mi vida”. La normalidad como incluyente enfrentada a la diferencia y a la diversidad, éstas catalogadas como raras o anormales. ¿Qué tanto más de la mitad de la humanidad se ha sentido ‘anormal’, es decir fuera de la normalidad y esa diferencia ha sido demoledora para la construcción de la convivencia? Claro, todo lo anormal debe ser ‘curado’ y sometido a lo normal. O sea que frente a la diferencia, a lo distinto, a lo raro, la idea es abolirlo, suprimir, desaparecer pero nunca respetar.

Ni qué decir la responsabilidad de Ciencias como Psicología o Psiquiatría cuando catalogan comportamientos como normales o anormales. En un extraordinario libro ‘Una tribu propia’, Steve Silberman plantea una mirada diferente para comportamientos como el autismo o el Asperger, donde el problema radica en la estrechez de concepción de lo cognitivo. En miles de escenarios, la discriminación surge porque “es raro”, “no es lo normal”, “así no es”, “nunca se había visto”. Pensar que la aceptación de la diferencia, uno de los mayores logros del Siglo XX, puede convertirse en el instrumento más denigrante para la condición humana. Uno de los psiquiatras más reconocidos en Psicoanálisis, Bruno Bettelheim, es fuertemente cuestionado por la forma como en su época, enfrentó el autismo, tratando de ‘normalizar’ a estos niños en lugar de aceptarlos diferentes.

Aquí estamos entonces frente al tema de lo normal y lo anormal. Pero más que frente a palabras de diccionario, estamos frente a conductas que han producido dolor y angustia inimaginables porque no han encuadrado en lo normal, es decir en aquello que la cultura (y a veces la ciencia) califican como aceptable. La homosexualidad es anormal. Macron, presidente de Francia y su esposa tienen una relación anormal. No desear tener hijos es anormal. Creer en mundos paralelos es anormal. La eutanasia es anormal. Los autistas son anormales.

Es anormal, es raro, vestirse con una ropa que ‘no encaja’ dentro del protocolo. Romper costumbres es anormal. No casarse de blanco es anormal. La lista es interminable porque se nutre de la diversidad de un mundo que cada vez más se libera de un único modelo, de un único criterio, de una única autoridad. La diferencia es una bofetada a lo establecido, a creencias que se cimentaron en la quietud, en lo que no se mueve, en lo que no cambia. Cada vez es más claro que no existe una sola realidad y por lo tanto la diferencia es parte fundamental de la sobrevivencia. ¿Qué tan preparados estamos para aceptar la ‘anormalidad’ como aquella conducta que se sale de los patrones esperados?

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