Lazos ‘familiares’

Febrero 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Y de pronto se me juntaron varios asuntos. Las mellizas asesinadas por su padre para vengarse de la madre, su ex esposa (que, con razón más que justificada, no quería seguir viviendo con él). El caso del niño al que se le muere su mamá y su papá, al quedarse con él un fin de semana, lo viola. Y cuando la abuela lo lleva al médico y lo comprueba, busca a Icbf, le dan la razón para defender al niño, pero luego un ente jurídico determina que la criatura de 4 años debe volver al cuidado del violador. La abuela y la funcionaria del Bienestar ‘desobedecen’ la orden judicial y enfrentan el castigo que puede llevarlas hasta la cárcel.Porque también está el caso de la niña de 12 años a la que su madre ‘obliga’ a prostituirse con tal de que entregue dinero a la casa. Hay un gran número de madres, en nuestro mundo moderno, que ‘prefieren’ al yerno rico o pudiente, por encima del dolor y atropello de sus propias hijas. Hacerse de la ‘vista gorda’, no veo, no escucho, no entiendo, es una forma perversa de no darse cuenta. El factor dinero -que da seguridad- es preferible a la situación de angustia económica, sin importar para nada aquello que nuestra cultura ensalza en forma tan desmesurada: la familia, los lazos afectivos entre personas del mismo linaje.El padre europeo que violó a su hija durante años, sometida a un cautiverio en un sótano, sumándole hijos o nietos o ambas cosas. Y el hombre tolimense escondido en una vereda de la montaña que hizo lo mismo con su propia hija, llenándola de hijos-nietos. Y la profesora santandereana que mató a su bebé ante el miedo de la reacción de su marido si comprobaba la supuesta infidelidad. Y la niña amarrada a un palo, como si fuera un perro rabioso, llena de moretones y magulladuras, con alto grado de desnutrición, bajo el cuidado del amoroso manto familiar. Historias donde el lazo familiar genético pareciera ser más una cadena que un vínculo amoroso. Porque no he enumerado, a propósito, ninguna relación de pareja donde se escoge ‘voluntariamente’ al compañero o compañera y donde, en definitiva, no se es de la misma familia. Son los genes producidos por el mismo lazo sanguíneo los que originan estas conductas. ¿Dónde están entonces, el amor y el afecto familiares? ¿Acaso no creímos que venían inyectados en la sangre? ¿Acaso no se nos enseñó que ‘todos’ los padres quieren a sus hijos ‘por naturaleza’ o por instinto o porque sí? Nuestra cultura, para perpetuarse y justificarse, argumenta la necesidad de defender sus valores más significativos, como son la religión (?), la escuela (?), la familia (?), la madre (?). ¿No tendremos acaso que ‘arriesgarnos’ a revisar, si se quiere, algunos de esos valores? Lo que se vive en muchos lugares del mundo, ¿no amerita, acaso, empezar a cuestionar la validez de estas creencias? Mientras creamos que existe institución o valor intocable o perfecto, estamos abocados a seguir repitiendo los mismos errores. Mientras no nos permitamos investigar en forma des- apasionada y científica, cuál es el aporte real de la familia, seguiremos viviendo de la misma manera. La teoría psicológica de ‘Constelaciones familiares’, por ejemplo, está mostrando en forma clara cómo se heredan los problemas familiares (aún sin saberlos concientemente) y cómo hasta que no se haga conciencia de ellos, se repetirán inexorablemente. Nuestros antepasados ‘nos pesan’ y nos ‘atrapan’. ¿Dónde radica entonces el valor de la familia? ¿Se puede vivir sin familia genética?

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