La masculinidad ‘robada’

La masculinidad ‘robada’

Junio 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Que le sucede a una sociedad sin padre? ¿Cuál es la conducta de comunidades que intentan abolir la presencia y significado del padre? Muchas mujeres, hastiadas de estos hombres machos, atropelladores, optaron por prescindir de ellos. “Puedo sin él”. No solo lo han vivido como mujeres y excompañeras de hombres padres, sino que también se lo han transmitido a sus hijos e hijas. Con resultados diferentes. En las hijas, internalizar ese concepto es repetir el patrón e intentar mirar hacia el mundo de otras mujeres donde se sienten más a gusto, allí sí, acogidas, comprendidas y escuchadas. Hombre, en su imaginario, es un concepto que sabe a peligro, a amenaza, a atropello.Para los hijos hombres ese concepto que inconscientemente la madre transmite se vive como una sensación de abandono indescriptible. Y entonces ahora ¿a quién me parezco? ¿Qué modelo aprendo? ¿A quién imito? No es fácil para este niño o adolescente cuando se sucede la separación porque el más desprotegido es él, el hijo varón. Por lo general es el padre el que aparece como el malo de la película. O es irresponsable con el trabajo, o es alcohólico y maltratador, o es un machista exagerado o tiene otra. Lo que se aprende en el hogar es que “los hombres son malos”. ¿Quién lo desea como compañero o quién quiere imitarlo? Para el adolescente ‘rodearse’ de las mujeres de la casa sin una figura masculina por admirar, lo introduce en un limbo emocional donde lo más admirable que encuentra puede ser o un súper héroe, o un cantante o un futbolista. Allí, en su imaginario, ‘estos’ si son “hombres significativos” porque en lo cotidiano no encuentra hombres reales valiosos. Entonces, sólo le quedan la violencia o la agresión para ‘diferenciarse’ de lo femenino que ‘invade’ todo su mundo personal. Las pandillas, las drogas, el grupo, la calle, son su escape. ¡Y su refugio! De allí su orfandad emocional aun cuando su padre esté vivo. Huérfanos de padres vivos, la nueva raza de adolescentes que construyen, en cualquier lugar del planeta, la condición masculina.Muchos de estos hombres hoy son padres ‘asustados’. Por eso cuando se les terminan los instrumentos de dominio y ya no ‘les obedecen’ como antes, sólo les queda el camino de la violencia. ‘La masculinidad robada’, un texto de María Calvo, expone la situación ‘culpando’ al movimiento feminista de lo que se vive, como si lo de hoy no fuera un efecto de lo de ayer. Hay que equilibrar y no seguir en el juego del ping pong. Pero se olvida que fue la necesidad de organizar la exclusión e inequidad lo que llevó a la situación actual esperando que sea un período transitorio de ajuste en busca del equilibrio. Claro sólo si el hombre reacciona. El hombre ‘padre’ debe bajarse del pedestal y vivir el mundo de otra manera. El fútbol, los políticos, las Iglesias, las Fuerzas Armadas y hasta las listas de restaurantes 5 estrellas, organizaciones donde los hombres se quisieron bastar a sí mismos, entran en crisis de poder y autoritarismo. Han hecho lo que les ha provocado, a su manera, pisoteando a otros, como si el mundo les perteneciera. Una sociedad con un padre-ley en crisis que no aprendió a compartir y excluyó lo que significaba diferencia o cuestionamiento.Pero si el hombre pierde, perdemos todos. No son tiempos fáciles porque se requiere la construcción de paradigmas donde se acepte la diferencia. Exclusión debería ser una palabra que borráramos del lenguaje. Mejor sería de lo cotidiano. Los hombres necesitan aprender, revisar, aceptar la presencia de la mujer como compañera y no considerar que se bastan solos con la suficiencia de quien no necesita nada ni a nadie. No más “detrás de todo gran hombre…”, no más invisibilidad de la mujer en congresos, reuniones o foros. No más exclusiones. La vieja masculinidad no fue robada: sólo que no valía la pena perpetuarla…

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