La madre como suegra

La madre como suegra

Mayo 03, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿No se ha preguntado por qué la misma mujer que genera tantos amores como madre, produce tantos rechazos como suegra? El ‘empaque’ es el mismo. Como mover un swiche y  pasar de positivo a negativo. Como si manejáramos doble personalidad y el panegírico que se le hace a la madre se convirtiera en diatriba cuando se habla de suegra. En definitiva es la misma mujer, oficiando en lugares diferentes… ‘Adorable’ con sus hijos y monstruosa con la ‘nueva’ parentela. ¿Qué la hace ‘cambiar’ de manera tan abrupta?Lo que sucede es que ‘nunca’ es otra. Siempre es la misma persona, sólo que al idealizarla como madre, inconscientemente se necesita construir un contrapeso a ‘tanta’ perfección con el fantasma de la suegra y  su exageración. En letra clara, entre más se idealice a la madre, más se denigra de la suegra. La perfección de la una alimenta la monstruosidad de la otra. Lógico, ambos extremos son errados. La celebración del día de la madre es una buena excusa para intentar revisar esta ‘malformación’ cultural. Aceptando que toda idealización conlleva rabia guardada. Si revisamos a la madre, revisamos a la suegra. La madre puede ser a la vez gestora de vida,  educadora, manipuladora, suegra y castradora: ningún otro rol humano ‘ocupa’ tantas sillas, de tan diversas formas, tamaños y consecuencias. Dada su importancia, también puede ser la dimensión de su daño. No, no se encrespe. La madre también hace daño cualquiera que sea su lugar cuando abusa de su importancia y poder. ¿De dónde sacamos la idea de que la maternidad gradúa? ¿Fue acaso la religión la que santificó a la mujer-madre, para atraparla en ese rol, ‘amarrarla’ a los hijos y asegurarse de que la tenía ‘controlada’? Quien lo creyera, para los hombres el ‘poder’ de la mujer como madre ha sido amenazante puesto que hasta que no surgió la genética, el varón nunca sabía con certeza cuáles eran sus hijos, ni qué tan fiel era su compañera. ‘Dependía’ de la versión femenina y ese acto de ‘humillación’ ha sido muy denigrante para la cultura patriarcal.Pero la mujer, entre más ‘perfecta’(un imposible) se crea como madre, entre más proteja a sus retoños, no permite que ellos crezcan y nadie se les puede acercar porque nadie le da la talla. Ella es la primera, la única, la mejor, ¿acaso no vive para sus hijos? Desde su poder afectivo valida una sentencia lapidaria: “primero conociste mamá que esposa”. Todo lo nuevo que llegue tiene que ir ‘después’, porque la cuenta de cobro por el sacrificio de su vida está sobre la mesa. La perfección maternal agria el futuro de los hijos. Los atrapa en un amor tóxico que impide el crecimiento personal, la autonomía y el intercambio con otras opciones de vida. La madre ‘perfecta’ lo puede todo, lo colma todo. La madre perfecta es la principal gestora de la suegra horrorosa. Y lo que es peor aún, daña el futuro de sus hijos al invadirlos de  culpas, deudas emocionales, apegos y dependencias lo que impide un crecimiento con autonomía y seguridad. La culpa que genera la madre cuando reclama a sus hijos ‘irse’ con otros ‘extraños’ para hacer vida propia, es demoledora. Puede llegar a destruir sus vidas. Qué paradoja, la madre castradora da  vida biológica pero castra  vida emocional. ¡Y la cultura añorando perpetuar esta idealización! ¿Usted también?  Sigue en Twitter @revolturas

VER COMENTARIOS
Columnistas