¡Gracias!

Noviembre 24, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿De qué? podría preguntarse. ¿De qué puede una persona dar gracias en el mundo de hoy? ¿Existen acaso motivos para agradecer en las condiciones de terror y miedo que embargan la condición humana? ¿Gratitud, acaso, hacia la violencia, el maltrato, la injusticia, la exclusión, que viven hombres y mujeres ahora? ¿Qué es lo que hay que agradecer? Podemos mirar una sola parte de la situación y la desesperanza nos atraparía en segundos. Pero también está ‘el otro lado’, tan necesario para equilibrar porque no existe la luz sin la oscuridad, lo agresivo sin lo pasivo, adentro sin afuera. El equilibrio es fundamental para desenvolvernos en esta vida. Lo primero que habría que expresar es que una persona agradecida no es violenta, porque la gratitud es como una vacuna contra la maldad, contra los instintos humanos más bajos y primarios que nos estructuran. Cuando desde el corazón agradecemos esta emoción es como oxígeno purificador que nos conecta con otro ser humano y nos ‘desarma’ tanto el espíritu como el cuerpo. Quien agradece ‘se conecta’. Quien agradece ‘cuida’, sabe que hay alguien al lado con el que hay una energía de resonancia que construye mejores condiciones de vida.La gratitud es la emoción más sanadora de cuantas existen. Es la que más se expande y puede percibirse desde muchos corazones. La gratitud es reparadora. Annie Marquier en su libro ‘El Maestro del corazón’ dice que “midiendo” los efectos de la gratitud, la ola expansiva de esta emoción puede alcanzar hasta 2 metros a su alrededor. Por lo tanto una persona agradecida no puede ser violenta. Una persona que vibra en la gratitud fácilmente tiene una sonrisa en los labios. La gratitud es uno de los sentimientos que más nos humaniza, que más nos contacta con los demás seres y nos muestra qué tan cercana está la condición humana de la divina. ¿Acaso no son la misma? El jueves se celebra el Día de Acción de Gracias en EE.UU., motivado por la tradición cuando los inmigrantes venidos de Europa, agradecían el final de la cosecha. Una ceremonia ancestral que se volvió costumbre y que termina siendo más importante que la misma Navidad. ‘Contaminada’ ahora de consumismo, los almacenes no abrirán a las 12 de la noche para el famoso ‘black day’ sino a las 6 de la tarde del día anterior. Copiamos fiestas y rituales de otros lugares pero no logramos imitar el agradecimiento celebrándolo en un día especial. A pesar de las dificultades siempre hay espacio para la gratitud. Ojalá cada quien encontrara algo por qué hacerlo. Algo. Buscar por qué dar gracias, nos obliga a ‘ver’ de una manera especial nuestro entorno y comparar cómo pueden hoy otros seres anhelar hasta la precariedad que vivimos y que aún cuando la consideremos injusta e insoportable otros darían cualquier cosa por estar en nuestros zapatos. Dar las gracias es un acto de humildad, de amorosa sumisión, porque es decirle al otro que su existencia o su presencia son necesarias, que nuestra vida es mejor a su lado y que a la vida vinimos a poner un granito de arena para que este mundo sea mejor. Celebrarlo con comida es una manera amorosa de festejar porque recordemos que el alimento y el afecto son inseparables. Ojalá desde el corazón encontremos por qué agradecer. Hoy, aquí, le agradezco que me lea…

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