Gente ‘mala’ o excluida

Febrero 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Excluir o marginar a alguna persona, algún acontecimiento o algún hecho de su propia vida o de la realidad de una comunidad, es la manera más ‘sencilla’ y rápida de construir un problema para usted o para el entorno en que se desenvuelve. Todo lo excluido intenta ser incluido a través de situaciones dolorosas o traumáticas, hasta que por fin logre ser ‘tenido en cuenta’ y, por lo tanto, liberado de su carga emocional. Las investigaciones actuales sobre el papel del campo mórfico son demasiado contundentes como para intentar, tan siquiera, desconocerlas. La exclusión o el concepto de gente buena y gente mala es la forma más rápida de seguir perpetuando un problema. Usted tiene derecho a sus conceptos, claro está, pero si en el fondo del corazón piensa que existen personas malas, difícilmente podrá ser tolerante y comprensivo frente a ellas. La agresividad se manifestará de algún modo y ‘algo’ en su vida le ‘hablara’ constantemente de ello, ya en forma de enfermedad, comportamiento, hecho o vecindario. “A lo que te resistes, persiste”. ¿En qué lugar de su corazón están Piedad Córdoba, Angelino Garzón, los guerrilleros, la raza negra, los gringos, la amante de su marido, Hugo Chávez, los paramilitares, por citar sólo algunos de los más nombrados en la lista de excluidos? “Nadie ni nada está excluido, ni las víctimas ni los verdugos, ni los que tienen buenas intenciones ni los malintencionados, ni los muertos ni los vivos, ni los ricos ni los pobres, ni los buenos ni los malos. Todos y todo son iguales en el reino del alma”. Y si interesa la temática espiritual (de allí que la palabra alma se usa como un caucho para adaptarla a todo), es importante ser coherentes entendiendo que lo espiritual no es para determinados momentos o para rituales o recintos sagrados. Lo espiritual pasa por la vida cotidiana e implica entender el sentido del mundo y cómo cada persona o acontecimiento tiene una razón de ser en el proceso de conciencia. “Dios no juega a los dados”, dijo Einstein y, por lo tanto, nada es gratuito ni ‘contra nosotros’. Lo que el mundo llama maldad o, si quiere más suave, enfermedad mental, tiene un sentido que no significa ni complicidad ni alcahuetería, pero debe ser abordado con una mirada de conciencia y comprensión, nunca de juicio o exclusión. El alma de una persona con conciencia logra aceptar el proceso universal y entonces al abordar al otro, no lo hace desde el concepto de bueno o malo. La exclusión sólo aporta más dificultades e intolerancia, porque son la prepotencia y la soberbia juntas, haciendo de las suyas. Es jugar a ser Dios. Es definir quienes ‘son como yo’ y, por lo tanto, son de los míos, quienes ‘merecen’ pertenecer y quienes, desde la diferencia, quedan al margen. Todo lo excluido se crece. La exclusión es una potente arma. ¿Desde cuál lugar del saber, del enjuiciamiento (o de la ignorancia) puede un ser humano calificar la esencia de otro u otros como ‘mala’ o como ‘buena’? Argumentando que la gente ‘mala’ hace daño, no hay esperanza en torno a ella. Por el contrario, a la gente buena se la favorece porque es buena: debe tener todos los privilegios. ¿Cómo se conforma el tribunal que califica la esencia humana como buena o como mala? ¿Será acaso la ciencia la que se arroga ese poder? ¿Alguna religión, la Justicia, la moral? Y claro, al calificar inmediatamente, generamos la exclusión. ¿Quiere conocerse? Revise su ‘lista’ de malos o excluidos...

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