Estudiantes de los Andes

Enero 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Hace rato que no sentía ‘pena ajena’, de aquella que se experimenta cuando se percibe que alguien en tu entorno está ‘metiendo la pata’ y no cae en cuenta de lo que está haciendo o de las consecuencias de sus acciones. La sensación es muy incómoda porque la experimentas en tu interior sin poder hacer nada por evitarlo. Pues sentí vergüenza, ‘pena ajena’, con las palabras del presidente Santos cuando en un gesto de generosidad (o será mejor expresar, de solidaridad de elite) dijo que doblaba la recompensa para encontrar a los responsables de la muerte de los dos estudiantes de biología y medio ambiente de la Universidad de los Andes. De $250 millones pasó a $500 millones. Qué dedicación, qué generosidad para encontrar a los culpables. ¡Eso es perfecto¡ Sólo que, tiene una ‘pequeña’ dificultad que ni siquiera los acuciosos medios de comunicación bogotanos pudieron detectar. Porque es obvio que la noticia en primera página es descrestadora (y atropelladora para el resto de colombianos ‘provincianos’ que no pertenecemos a la elite bogotana) mostrando el entierro de los dos estudiantes. ¿Qué tienen ellos que los hace tan especiales? ¿De qué categoría de colombianos son para merecer ese inusitado despliegue abriendo emisión de noticieros y la astronómica recompensa?Como muy bien lo dijo la Gobernadora de Córdoba: “¿Y dónde estaban los medios de comunicación nacionales que no se dieron cuenta de los más de 500 asesinatos en el departamento de Córdoba que no merecen este despliegue ni recompensas millonarias? ¿Por qué sí ‘notaron’ a los dos bogotanos y al resto de los muertos los ignoran?”. Hace mucho rato no se sentía una discriminación tan marcada y prepotente como la sucedida a raíz de la muerte de los estudiantes. Asesinato que merece todo el repudio nacional. Pero que también deja al descubierto con una claridad difícil de ocultar que en Colombia existen ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. Como el estudiante es nieto de un poderoso empresario bogotano, los medios intentaron convertir su muerte en ‘tragedia nacional’. La foto de su entierro mereció primera página en periódicos y primer plano en emisiones de noticieros. Y remata el presidente Santos con su desbordado ofrecimiento. Mientras, el asesinato del nieto del alcalde de Puerto Asís sólo ‘calificó’ para que su crimen motivara una recompensa de $50 millones. Ni siquiera el poder político fue más contundente que el poder económico: ganó el dinero por encima de la jerarquía democrática. Este muchachito ‘de provincia’ asesinado una semana después, no produjo ni primeras páginas ni apertura de emisiones. Es de la ‘otra’ categoría de colombianos... Y para reforzar más la diferencia entre esas ‘dos Colombias’, la del poder económico y la del resto, algunas declaraciones de los compañeros de la U. de los Andes fueron lamentables. Expresaron con sorpresa que no se entendía “por qué estas cosas sucedían en Colombia”. ¿En qué país viven los estudiantes de los Andes? ¿No conocen de los riesgos y peligros que se viven en este país que ellos ‘estudian’ intelectualmente, pero con el cual parece no vibran ni sintonizan? La responsabilidad de los medios aquí también fue mayúscula: intentaron hacer tragedia nacional creando una discriminación odiosa que tres días después, desde Puerto Asís, ni siquiera pudieron equilibrar. ¡Ni el Gobierno tampoco! Es hora de caer en cuenta cómo el manejo de una información termina siendo una bofetada a la dignidad del colombiano que no pertenece a la elite.

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