Estilo Santos, estilo Uribe

Noviembre 15, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Un concepto no sólo es una idea. Se puede volver vida o estilo. De allí que sean tan importante las creencias, porque éstas ‘construyen’ personalidad y comportamiento. La forma más simple de entenderlo es mirar las actitudes de nuestros dos últimos presidentes, Uribe y Santos. Alvaro Uribe es un hombre aguerrido, frentero, vengativo, peleador, machista, autoritario, mandón, dominante, católico, moralista y… sensible, seductor, sufrido, entregado, perverso, ‘encantador’, mártir, víctima, incomprendido. Es un hombre ‘viejo’, en cuanto su estilo se identifica con viejas creencias, donde la mentalidad del jefe, padre o patrón, era la que se imponía. Actitud totalmente patriarcal donde sólo uno tenía la razón y era imposible la participación o consenso de otros. Claro, esas actitudes totalmente atropelladoras se ‘compensan’ con la seducción, el ‘encanto’, la poesía o las palabras bonitas. Típico machista que tiene que vivir ‘equilibrando’ el autoritarismo con zalamería. Este individuo se convierte en dios, en tirano: él es y hace la ley, y como lo único que persigue (cree él), es el bien de los demás, le están permitidos todos los excesos porque los suyos le agradecerán (¡) eternamente su dedicación, sacrificio (?) y protección. Colombia ‘lo necesitaba’ para que nos organizara, para que nos transmitiera el orgullo de ser hijos de esta ‘madre’ patria, para que nos ‘aconductara’. Mientras él hacía lo que quería, puesto que tenía todo el poder y la autoridad para hacerlo. Total, ¡quién se lo iba a reprochar si estaba dedicado a nosotros! Imposible encontrar más escándalos de corrupción en tan poco tiempo. Este es el precio (¡) que teníamos que pagar por su servicio, entrega y generosidad.Pero, afortunadamente, ‘crecimos’. Y el mundo cambió. La mentalidad también es otra. Juan Manuel Santos llega y se siente por todo lado su estilo, desde el primer día. Hechos fácilmente observables: no es fanático religioso de una Iglesia anquilosada sino que acude a la madre naturaleza, a nutrirse de respeto y de creencias antiguas, pero válidas en cuanto no están contaminadas de poder o ambición. La naturaleza provee sabiduría, no conocimiento. A la esposa del Presidente no se le ‘ve’ ni pereza, ni amargura, ni aguante. Se la percibe comprometida, satisfecha, orgullosa, ‘bien’. Juan Manuel Santos no tiene nada de peleador. Por el contrario es un estratega: se puede estar muriendo de rabia, pero la disimula porque el objetivo merece cuidar los procesos, no sólo aventarse por un resultado. Es paciente, tranquilo, observador. No se sale de casillas. Claro, para los de mentalidad Uribista es pendejo, blandito, reculón, frágil. Pero su estilo es marca de que concilia, de que los demás existen y por lo tanto el criterio de ellos es importante. Además considera que equivocarse no es sinónimo de brutalidad, por lo tanto rectificar no es debilidad. A diferencia de Uribe su inteligencia prima sobre su emoción. Es calculador, astuto, sagaz, frío. Siempre hay salida, nunca pierde. Decida si es uribista o santista, pero no sólo por seguir un pensamiento político, sino también por conocer cómo es su mentalidad vieja o moderna. Cada quién tiene un retrato de lo que es de acuerdo al personaje al que le es fiel. Santos está mucho más cerca del respeto y la tolerancia porque acepta que los demás ‘existen’. Ser político no significa ser dios, lo que practica Uribe ‘al pié de la letra’. De allí que los estilos marcan la diferencia.

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