¡Es el miedo!

Diciembre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Claro que es un sentimiento humano, normal y respetable. Es obvio, también, que se requiere una cierta dosis de él para sobrevivir. Y es difícil negar que en algún momento de nuestra vida no lo hayamos sentido y hasta puede que nos haya ‘paralizado’. Pero el miedo es una emoción que si no se maneja puede llevar a actitudes anormales, absurdas e incoherentes. Lo que sucedió en Estados Unidos es una muestra de ello. Cómo una sociedad aterrorizada busca protegerse con el permiso social de las armas y cómo el muchacho -también- cree defenderse del mundo hostil en que vivía disparando en el lugar donde nunca pudo ser feliz. Lanz, a quién le disparó: ¿A la infancia que no tuvo? ¿A lo que creyó que le había hecho daño: su familia y su colegio? ¿De qué calibre era su miedo? A su vez, en nuestro mundo más cercano, frente al viernes 21 de diciembre, ¿de qué dimensiones es nuestro terror? Las sensaciones y actitudes que asumamos frente al fantasma del viernes, también corroboran qué tanto miedo guardamos y con cuántas dosis de confianza enfrentamos situaciones nuevas.El miedo es lo contrario a la confianza. Cuando hay miedo se pierde el sentido de las proporciones. En Psicología se dice, que en definitiva todos los miedos remiten al miedo a la muerte. Pero a la cultura occidental no le gusta pensar en la muerte: la evita y hasta sueña con derrotarla. La muerte es lo más seguro que tenemos pero tratamos de desconocerla. Para nosotros y para los seres que amamos o nos rodean. Siempre pareciera que nos sorprendiera, lo que no es coherente con la contundencia de su realidad. Pero… ¿cómo lograr que este mundo del miedo se modifique? ¿Cómo lograr que no sea el miedo y su vibración de hostilidad lo que alimente nuestra energía? Una tragedia como la de EE.UU. es ‘perfecta’ para ayudar a despertar, para ponerle final a una forma de vida cimentada en la prevención y el miedo. Apostarle a la confianza y la solidaridad implica hasta una nueva concepción de ser humano porque los ‘monstruos’ que nuestra sociedad excluye, también son parte de nuestro mundo. Este muchacho Lanz es ‘hijo’ de una sociedad excluyente, como son excluyentes todos aquellos que consideramos que no ‘son’ como nosotros. ¿De qué tamaño es la lista de excluyentes del procurador Ordóñez? ¿De qué tamaño es la suya, la mía? Lanz tuvo tanto miedo y reaccionó movido por ese sentimiento, sentimiento que hoy puede anidarse en el corazón todo Estados Unidos. La solución la ‘escogemos’: que cada quien se ‘apertreche’ en su mundo ‘protegiéndose’ de los otros, o empezamos a tender la mano para incluir a los excluidos… Para quien tiene ‘mente abierta’ debe ser muy claro que el 21 de diciembre debe finalizar el mundo en que vivimos. El 21 de diciembre debe, con ayuda del cosmos, de la energía, de los mayas, de su Dios o espiritualidad, o de quien quiera, empezar a modificarse un mundo donde la exclusión desaparezca para ser reemplazada por la solidaridad y el respeto por la diferencia. Debe finalizar el mundo de los excluidos. Debe finalizar el mundo de los buenos y malos, de los normales y anormales. Se requiere un cambio de vibración, el cosmos alineará planetas lo que afectará nuestra vida y ‘el fin del mundo’ en que vivimos se sentirá en la medida en que estemos abiertos a sentir más que a razonar. La conciencia y no la inteligencia podría ayudarnos en la construcción de ese nuevo mundo. Porque un ser con conciencia no excluye, ni tiene miedo…

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