Enciende una vela...

Diciembre 08, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿La ha mirado? ¿La ha sentido? ¿La ha seguido? Tiene efectos hipnotizadores. Aún más, es ‘recomendable’ para situaciones de estrés. Es la manera más sencilla de empezar a tener momentos de tranquilidad, de paz interior. Porque, es potente y es frágil. Es caprichosa pero también es sumisa porque “no se desprende” del cebo. Adormece, tranquiliza. Pareciera como si el tiempo se detuviera frente a ella. Nada importa, nada sucede, nada se mueve. Es mágica porque cambia el estado de ánimo. Es capaz de sosegar en momentos de inquietud, produce estabilidad. Me atrevería a decir que en casos de “extrema urgencia” hasta llegar a reemplazar la escucha de un psicólogo o psicóloga, cuando se la mira con los ojos del alma, desde una actitud de meditación y búsqueda personal. Porque desde el embrujo de su movimiento y de su luz, logra despejar y calmar mundos turbulentos, pasiones desenfrenadas, estados alterados donde pareciera se hubiera perdido el norte. Anoche fue la ceremonia de la luz, la bella costumbre colombiana de encender velas en la víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción. Sin importar la creencia religiosa que se ‘practique’, el significado de las velas -del fuego- no puede negarse. Los adelantos modernos nos han descalificado algunas costumbres ancestrales, donde los seres humanos teníamos la posibilidad de entrar en contacto con la naturaleza. La electricidad ‘mató’ la magia del fuego. Y pulverizó, sin lugar a dudas, el sabor de los alimentos en la lenta cocción de un fogón de leña. Bueno, se gana y se pierde. Lo valioso es que hoy existe la posibilidad de escoger. Muchas circunstancias ameritan horno microondas, luces eléctricas, carros con gasolina o computadores pero también existen otras donde vale la pena decidirse por el fuego, por la llama de una vela, por tener tiempo para caminar o para cocinar. Por eso, cuando exista la oportunidad, bien vale la pena retomar a aquellas prácticas antiguas que nos reconcilian y nos producen tanta paz interior. Como la magia de una vela...El fuego tiene significado simbólico. En todas las culturas, en todas las religiones. Puro y fuego en sánscrito, por ejemplo, tienen la misma palabra. De allí el valor de esa ceremonia sencilla pero profunda del 7 de diciembre. Visualizar lo que queremos de nuestras vidas es una buena manera de acercarnos a conseguirlo. Y si las velitas de anoche las encendió ‘intencionalmente’, es posible que la energía fluya para lograr ese resultado. La posibilidad de tener un país en paz es un buen propósito. Encender una vela es como un acto de magia porque reconforta, ilumina, conecta. Algunos rituales sanadores recomiendan escribir o dibujar los momentos de angustia vividos y luego ‘liberarlos’ o destruirlos a través del fuego. Si no lo hizo anoche, puede hacerlo hoy. En el mundo energético no existe el tiempo. Que hayamos conocido la luz eléctrica no nos diferencia de aquello que podían sentir los primitivos seres cuando “hacían fuego”. El fuego en cuanto quema y consume, es símbolo de purificación y regeneración. Y tiene la posibilidad de limpiar y sanar. El fuego ‘pertenece’ a los dioses. Si hoy lo poseemos posiblemente es para no olvidar que estamos a mitad del camino entre las bestias y los dioses. Cada quién decide de qué orilla está más cerca.

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