En el ascensor

Noviembre 12, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Para llegar a mi consultorio en un tercer piso hay que tomar un ascensor. Es pequeño y creo que de “antigua” generación. Por lo mismo hay que “cuidarlo”, hacerle mantenimiento y sobre todo vigilar que no exceda el peso permitido. Por eso están prohibidas las carretas o las cargas pesadas, fácilmente deducibles a primera vista. Pero si se presentara un intento de “violación” de esta medida ipso facto el ascensor se bloquea y no hay manera de que funcione (excelente determinación de la administración del edificio). Los otros pisos, incluídos los sótanos de parqueaderos, tienen posibilidades de desplazamiento con otro ascensor y con escaleras eléctricas. Pero al tercer piso sólo llega este “transporte”. Además, para asegurar su cuidado y mantenimiento hay un letrero “máximo 6 personas”, recalcando precisamente el perjuicio del exceso de carga. Pero aquí si la norma, como dicen los muchachos, “vale huevo”. Pareciera que algunos de los usuarios de este ascensor no supieran leer o se creyeran espíritus o almas en pena porque pueden subirse hasta 8 o 10 personas sin importarles ni medir las consecuencias de su peso. Claro, sus kilos dañan los resortes, hay que cerrarlo por algunas horas (y hasta días) y los únicos perjudicados somos los permanentes usuarios del tercer piso.Y aquí viene la razón de mi comentario. Sorpréndase, la gran mayoría de veces que se viola la prescripción de “máximo 6 personas” son hombres, sí varones, a los que les importa un higo si el aparato se daña o no, con tal de no bajarse cuando se les hace el requerimento. Su “hombría” no resiste “tamaña” humillación. Y ni que decir las estupideces de respuestas que dan para justificar la violación de una regla tan elemental. “Yo no peso”, “eso está mal calculado”, “¿por qué? que se baje otro”, “y cómo dejo a mi hijo solo”, en fin. No sé que es más denigrante si “su dignidad herida de macho” o las imbecilidades de respuestas que se dan para hacer lo que les da la gana. No me ha tocado, nunca, una mujer que rechace la recomendación. Pero los señores, de cualquier tamaño, color o condición, se resisten, patalean, reclaman, miran feo, se ponen bravos pero ¡no se bajan! Me he ganado unos buenos madrazos (para lo que me importa) pero los varones “hacen la ley” a su amaño. No sé si la educación servil que hemos recibido las mujeres a través de miles de años de cultura patriarcal dominante nos haga cumplidoras de la norma, pero ante la ley la mujer la acata, el hombre la desafía y se la pasa por encima.Si, no serán todas las mujeres respetuosas ni todos los hombres irrespetuosos, pero el perfil o las estadísticas o el común denominador, marca una tendencia donde el hombre no acepta fácilmente que se le llame la atención para corregir una conducta inadecuada. En algo tan sencillo como bajarse de un ascensor porque hay sobrecupo se marca su tendencia al desafío. Por eso reta a la policía cuando está con tragos. Por eso desafía a la autoridad cuando alguien le llama la atención. Educado para ser “rey” se está encontrando con una dura realidad (para él) donde existe otra u otros iguales, con derecho a reclamarle, a exigirle y a comprometerlo con una responsabilidad social. Se le acabó el reinado de la imposición, del sometimiento. Ya no hay que obedecer sus designios. Antes nadie “osaba” hablarle a ese hombre patriarcal y reclamarle una igualdad. Hoy, cada día más, se está quedando sin argumentos para imponer su voluntad de allí sus excesos de rabia o violencia. Pero o acepta que el mundo cambió o…

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