Él

Él

Febrero 19, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Nadie en Colombia está expuesto a ese nivel de acusaciones sobre su actuar como este personaje. Nadie. No existe mes -por hablar de una medida de tiempo- donde ‘Él’ o alguno de su entorno no quede implicado en algo.

Hoy son las falsas acusaciones contra Iván Cepeda que se le ‘devuelven’ para ser ‘Él’ el culpable de haber inventado la información. Pero antes estaban las madres de Soacha, los falsos positivos, la masacre del Aro, su hermano presunto asesino, sus hijos ‘comerciantes’ inescrupulosos, su cuñada narcotraficante, creador de grupos paramilitares, manipulador de pruebas, perseguidor de periodistas, las chuzadas del DAS, sospechoso violador de mujer periodista, mentiras por doquier en redes suyas o de sus allegados, falsas noticias promulgadas desde sus cuarteles, sus alfiles implicados en hechos delictivos. Hackers, la campaña de Óscar Iván Zuluaga.

Pareciera que todo lo que lo rodea se contamina de su energía, de su rabiosa (y peligrosa) energía hasta lograr que los límites entre lo correcto y lo ilegal se esfumen. ¡Por Dios!, ¿es posible que todo lo que se dice de ‘Él’ sea invento y persecución? Si es tan bueno, tan claro y transparente, ¿por qué siempre lo ronda el fantasma de lo ilegal o incorrecto o ‘fuera de la norma’?

Alguien puede explicar ¿qué es lo que sucede con este personaje? ¿Por qué semana tras semana ‘brota’ un pendiente legal donde ‘Él’ queda implicado? Ni Juan Manuel Santos con tan ‘mala imagen’ recibe ni la mínima parte de lo que este individuo se gana en acusaciones y demandas. Ni él, ni los suyos, ni su entorno. No, nos pueden creer tan ingenuos de pensar que todo es inventado, que todo son falsas acusaciones, que todo es persecución. Imposible.

¿Qué hay en la personalidad de este hombre que ha llevado al país a esta polarización tan extrema? ¿Qué tiene para lograr fieles fanáticos tan serviles que no logran ver con un mínimo de objetividad lo que sucede con su actuar? Es como si todo lo que él hace, fuera aceptado como perfecto. Habló ‘dios’, ‘lo que diga Uribe’ y ni siquiera merece un cuestionamiento o una revisión . Pero fuera de su entorno servil, sus actuaciones son totalmente cuestionables. Las dudas ante sus comportamientos políticos se multiplican y no es posible que acusación tras acusación, todas sean equivocadas y el sea una ‘pobre’ víctima del gobierno actual. No es posible.

La carta de su hijo hablando de la decencia de su padre es totalmente lógica porque cuando un individuo es tan absolutamente manipulador lleva implícita una doble personalidad. O en términos de Carl Jung, la sombra, el lado oculto que es complementario del otro matiz.
El padre que el hijo describe es real pero no elimina a la otra parte, totalmente seductora y perversa. Lo uno no excluye lo otro. Por el contrario es absolutamente ‘coherente’ en la patología esta dualidad de actuación. En un escenario perfecto se muestra tierno, comprensivo, conciliador y en el otro (el que sus hijos y nietos no logran ver) el despiadado hombre capaz de cualquier cosa por lograr su objetivo. El poder lleva a perder el sentido de las proporciones. El poder obnubila. El poder y la rabia no miden consecuencias.

No existe en Colombia un político con tantas acusaciones. ¿Cómo explicarlo? ¿Cómo entenderlo?

Sigue en Twitter @revolturas

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